10 cosas muy danesas (II)

Si estás leyendo esto, conviene que hayas leído las primeras 10 cosas muy danesas. No te preocupes, si pinchas en este enlace puedes leerlas. A partir de aquí, otras 10:

11. La puntualidad

Generalmente, la población danesa le da mucha importancia a la puntualidad. Si hay una reunión o encuentro a una hora acordada: no existe eso de, “ya nos veremos a eso de las 5” o “avísame cuando vayas a salir y así me preparo”, comunes en países como España. Existe un gran respeto por el tiempo de las personas y a nadie le gusta esperar. Tanto es así, que en caso de ver que vas a llegar unos minutos tarde, se avisa con tiempo a la persona a la que se va a hacer esperar.

Que una reunión de trabajo, quedada con amistades, rueda de prensa, o cualquier tipo de evento, se retrase sin previo aviso más de unos pocos minutos, es algo inaudito y está bastante mal visto.

12. Novo Nordisk

Empresa multinacional cuya actividad principal es la fabricación y comercialización de insulina para personas de con diabetes – a lo que dedica el 85% de su negocio – proporcionando más del 40% de la insulina que se consume en nuestro planeta.

La empresa fue fundada en 1923 por el matrimonio formado por August (premio nobel de medicina) y Marie Krogh, médica que padecía diabetes del tipo 2. La insulina fue descubierta en 1921 y en 1923 la empezaron a comercializar en Dinamarca bajo la empresa Nordisk Insulinlaboratorium. En 1925, dos trabajadores de Nordisk, los hermanos Pedersen, formaron su propia empresa, Novo Terapeutisk Laboratorium. Ambas empresas se unieron en 1989.

Hoy en día Novo Nordisk emplea a más de 48.000 profesionales en al menos 12 países distintos y tiene una alta presencia en el panorama social del país patrocinando eventos, programas formativos, seminarios y hasta un equipo ciclista.

13. Nochevieja: el discurso de la Reina y Same procedure as every year.

La Reina Margarita II, instantes antes de su discurso de año nuevo de 2017. Kongehuset.

Dinamarca es una monarquía parlamentaria, por lo que la Casa Real tiene bastante relevancia en la cultura y sociedad del país. Así, cada 31 de diciembre a las 6 de la tarde, las cadenas DR1 y TV2 sintonizan con el palacio Real de Amalienborg para escuchar el discurso de año nuevo de la Reina Margrethe II. Tal es su importancia que en los principales bares y pubs bajaran la música en ese momento para que se escuche, y si tienes la suerte de celebrar la nochevieja en un hogar danés es muy probable que la gente pause lo que esté haciendo para escuchar el discurso y comentarlo después. Sin tener poder político, una buena parte de la ciudadanía quiere conocer su punto de vista acerca de hacia dónde ha de progresar el país.

Otro clásico de la programación televisiva de año nuevo es el sketch en inglés de “Dinner for One” (Cena para una), popularmente conocido por su repetida frase: “Same procedure as every year” (mismo procedimiento que cada año). Se trata de un sketch cómico grabado en 1962 por la Norddeutscher Rundfunk (televisión y radio públicas del norte de Alemania), que dura 18 minutos. En él, una encantadora y bien acomodada ancianita se sienta a la mesa para celebrar su 90 cumpleaños, con una serie de asistentes imaginarios (se supone que fallecieron hace un tiempo) y el mayordomo que trata de entretenerla durante la cena. El sketch completo puede verse aquí.

14. El paté de hígado de cerdo – Leverpostej

Tradicionalmente, la ganadería porcina ha tenido y tiene una alta importancia en la sociedad y economía danesas. Es por ello por lo que abundan los platos y productos derivados de este animal.

Uno de ellos, y quizás el producto porcino más popular de Dinamarca es el Leverpostej o paté de hígado de cerdo. Viene en bandejitas metálicas de distintos tamaños y aunque generalmente se toma frío, como ingrediente del popular smørrebrød o sándwich abierto danés, su envoltorio metálico lo hace apto para calentar al horno. En este caso, la alta temperatura la añade una costra y lo reblandece por dentro, combinándose entonces con pan, pepinillos o cebolla frita, entre otros.

15. Lego

Así es, la archiconocida marca de juguetes tiene su sede en Billund, en la península de Jutlandia. Comenzó su actividad en 1932, de la mano de su fundador, el carpintero Ole Kirk Christiansen, e inicialmente producían juguetes de madera. En 1949 empezaron a producir sus característicos bloques interconectables, y fue en 2015 cuando el grupo se convirtió en la mayor empresa de juguetes del mundo tras superar en ventas a Mattel.

Su nombre deriva de las palabras (en danés) leg godt, que traducen a “juega bien”. Hoy en día Lego, a parte de sus juguetes, cuenta con películas, videojuegos, competiciones y hasta ocho parques de atracciones, con presencia en los cinco continentes. Ah, y también una fundación propia, patrocinando distintas iniciativas sociales y educativas.

16. Educación pública gratuita

Toda la educación (salvo un porcentaje en las guarderías, que pueden costear las familias) en Dinamarca, o sea, desde primaria hasta la Universidad (Grados y Másteres) es totalmente gratuita para los estudiantes (realmente, se financia en parte a través de los impuestos, pero eso es harina de otro costal). Al menos no le supone coste alguno, a las personas que deciden estudiar. O sea que, si estás leyendo esto y te estás planteando estudiar un Máster (o Grado), es cierto: en Dinamarca puedes estudiarlo sin pagar un céntimo, siempre que poseas un pasaporte de la eurozona.

Entrada principal del Campus de la Universidad del Sur de Dinamarca, en Odense.

Es más, si mientras los jóvenes estudian, trabajan un mínimo de 10 horas semanales, el gobierno les financia con una ayuda (aparte del salario que perciban) que oscila entre los 400 y los 700 €, aproximadamente. Es la famosa “SU” (Statens Uddannelsesstøtte), que traduce a Financiación Estatal para la Educación. Ojo, las personas danesas, reciben esta ayuda independientemente si trabajan o no, simplemente por estar cursando educación universitaria.

17. Digitalización

Este país es el no va más, en cuanto a digitalización de los servicios. Todas las operaciones entre ciudadanía y Estado, están conectadas a cada persona a través de su número de identificación o CPR.

A partir de ahí, se crea un vínculo entre nuestros servicios bancarios, sanitarios, impuestos, etcétera. Esto repercute en muchas operaciones que, en otro tiempo requerían presencia física o hacer cola al teléfono, se realizan ahora telemáticamente.

Algunos ejemplos son el certificado de identidad para operar en banca y otros servicios (NemID o MitID, como se conoce), aplicaciones para el transporte público, el buzón personal donde te llegan todas las notificaciones del Estado, o el número de identificación personal, que se nos pide en cuanto llamamos a cualquier servicio para agilizar el proceso, y un largo etcétera. Esto causa que haya menos colas en los bancos, citas para servicios públicos o médicos, tramitación de multas…

Las operaciones en línea, ya sea con el ordenador o a través del móvil, están totalmente implementadas en la sociedad y gran parte de la ciudadanía está acostumbrada a ello.

Pantallazo de mi teléfono con varias de las aplicaciones que he empleado últimamente.

18. Regaliz

¿A que esta, no te la esperabas? A mí todavía me sorprende en algunos casos, ya que por norma general, el regaliz no deja indiferente a nadie: es amor, u odio. A los daneses les chifla el regaliz (lakrids) y se puede encontrar en una amplia gama de variedades. La variedad principal que se suele emplear aquí es el regaliz salado.

Es habitual encontrar regaliz en alimentos dulces: caramelos de regaliz, chocolatinas con sabor a regaliz, golosinas de regaliz o bombones de chocolate con regaliz dentro (algo que desconocía cuando el día que me regalaron una caja, me econtré la sorpresa). Los productos menos ortodoxos que pueden encontrarse son helados con sabor a regaliz, postres con un toque a regaliz o incluso combinados de alcohol con sirope de regaliz – algo que, para muchos, es pasarse. En Copenhague, además, cada año se celebra un festival del regaliz.

19. La caseta de verano – Sommerhus

Muchas familias poseen una pequeña caseta de verano cercana a su principal residencia, a las afueras de las ciudades y en grupos de parcelas destinadas a ello.

Por norma general, se trata de sencillas estructuras de madera tipo cabaña con salón, cocina y baño, con un jardín o tierra para cultivar alrededor. Algunas pueden tener dormitorios, aunque no suelen estar aisladas para el frío invierno danés. Se emplean para hacer barbacoas o comidas con familiares o amigos durante los meses cálidos, en fines de semana.

Sommerhus nivel experto, con su invernadero.

20. La ausencia de persianas

Así es. Las persianas en Dinamarca (y la mayoría de Escandinavia) no existen. Esto se debe principalmente al tipo de región ya que, con pocas horas de luz, poco sentido tiene usar algo que la limita aún más las mismas. Esto da ciertos problemas durante los meses de junio y julio, ya que, al tener noches muy cortas, es necesario dormir con antifaz o alguna otra solución para impedir que entre luz en tu habitación.

En cuanto a las cortinas, la mayoría de casas sí las tiene, aunque algunos valientes viven sin ellas. Que no te extrañe estar dando un paseo por Copenhague, Aarhus u Odense, y ver por la ventana, en su casa, a unos vecinos que están viendo la televisión en ropa interior sin ningún tapujo.

Y hasta aquí, otras 10 cosas muy, pero que muy, danesas. Si gusta, escribiré otras 10. No te olvides de dejar un comentario.

La Igualdad en Dinamarca: la Ley de Jante

Una de las características sociales que más llaman la atención en Dinamarca es la igualdad de su ciudadanía. Es un país en el que las personas con puestos de alta responsabilidad suelen ser bastante más accesibles y, por qué no decir, campechanas, que en la mayoría de los países occidentales.

Esto se aprende desde bien joven: ya en la guardería, los niños se dirigen al profesorado por su nombre, además de tutearlo.

Un ejemplo más reciente y significativo fue en mi trabajo, donde en un evento de nuestra organización recibimos la visita del – recientemente nombrado – rector de la Universidad, entidad a la que pertenecemos. Nuestro director general le presentó con nombre y apellidos, seguido de “el rector de la Universidad”, y a partir de ahí pasamos a una ronda de preguntas abiertas. Aquí vino mi sorpresa, cuando, varios de mis colegas del trabajo se dirigían a él para hacer preguntas empleando directamente su nombre: “Jens, en lo relativo a esto…”, “Jens, qué puedes decirnos sobre…”. Es una forma que he visto también en otras entidades públicas y privadas: aquí no se emplea ni señor/a, don/doña, doctor/a, y obviamente tampoco acepciones del tipo Ilustrísimo/a o Magnífico/a (que, personalmente, me resultan hasta cómicas).

Esta cercanía se manifiesta en una sociedad que, ojo, no muestra una falta de jerarquía o estructuras de poder, sino que éstas son más accesibles y es más difícil encontrar poder o responsabilidades en las manos de unas pocas personas de complicado acceso. Se fomenta la libertad de expresión y se espera de las personas, que pregunten y cuestionen algunos de los asuntos en entornos como el laboral.

Sobre las razones de este comportamiento he escuchado muchas teorías, y la mayoría tienen, según mi experiencia, algo de razón. Aquí trataremos sin embargo una: la Ley de Jante o Janteloven. En primer lugar, quisiera mencionar que no se trata de una ley al uso, sino una serie de 10 frases o mandamientos populares que marcan unas normas sociales. La escribió el autor danés-noruego Aksel Sandemose, como parte de su novela En flygtning krydser sit spor que traduce a “Un fugitivo cruzando sus propias huellas” de 1933, aunque esta sociedad ya funcionaba así desde hacía un tiempo. La novela es una obra satírica sobre la vida en Jante, un lugar ficticio basado en su ciudad natal.

Placa conmemorativa con las leyes de Jante en Nykøbing Mors, pueblo natal de Aksel Sandemose. Poul Krogsgård.

Las diez normas que gobiernan este comportamiento son:

  1. No debes creerte nadie. Du skal ikke tro, du er noget.
  2. No debes creer ser tan bueno como nosotros. Du skal ikke tro, at du er lige så meget som os.
  3. No debes creerte más inteligente que nosotros. Du skal ikke tro, at du er klogere end os.
  4. No debes imaginar, que eres mejor que nosotros. Du skal ikke bilde dig ind, at du er bedre end os.
  5. No debes creerte que sabes más que nosotros. Du skal ikke tro, at du ved mere end os.
  6. No debes creerte más importante que nosotros. Du skal ikke tro, at du er mere end os.
  7. No debes creer que eres bueno en algo. Du skal ikke tro, at du dur til noget.
  8. No debes reírte de nosotros. Du skal ikke le ad os.
  9. No debes creer que le importas a alguien. Du skal ikke tro, at nogen bryder sig om dig.
  10. No debes creer que puedes enseñarnos algo. Du skal ikke tro, at du kan lære os noget.

Estas leyes, en cierto modo, explican la uniformidad comunitaria de los países escandinavos. Muestran un rechazo frontal a actitudes individualistas o manifestaciones de éxito personal. En el trabajo, esto se traduce en una mayor participación o consideración de las opiniones de personas con poco poder de decisión. He escuchado – desconozco su veracidad – que el director general de una de las mayores empresas de Dinamarca, baja cada dos viernes a la cantina, donde comen todos los empleados, y cada vez se sienta a almorzar con un grupo de personas distinto para charlar y saber que se cuece.

Aquí, celebrar que has ganado un premio en público, trabajar en un despacho presidido por una foto tuya saludando al Rey, o hablar de las notas que sacan tus hijos en el colegio, entre otras, son actitudes que generan un fuerte rechazo social. Se evitan, además, chasquear los dedos para llamar la atención de una camarera, o comentarios del tipo “¿Pero tú sabes quién soy yo?” (algo a lo que, las dos o tres veces que me lo han dicho, tanto trabajando en hostelería como mientras estudiaba en la Universidad, he deseado contestar: “Sí, un gilipollas”). En los tres años que llevo aquí, no he vivido nada así.

La razón de ser de estos mandamientos reside en el hecho que los comportamientos individualistas resultan contra efectivos para el conjunto de una sociedad igualitaria. Se dice de esta forma de vivir, que es unos de los éxitos por lo que Dinamarca es un país socialmente homogéneo, con unos altísimos niveles en igualdad de género, empleo, y transparencia política (lo que se traduce en felicidad).

Ahora bien, la Ley de Jante no está exenta de controversia. Algunas personas apuntan a que estas normas crean un conformismo generalizado y desmotivan a aquellas personas ambiciosas, que funcionan por objetivos, frenando el progreso que ello puede suponer. Estos factores se relacionan con algunas características negativas de la sociedad danesa: personas con dificultades para expresar sus emociones, altos niveles de depresión, una pésima atención al público por norma general o falta de implicación en tareas que no se incluyen explícitamente en la descripción de un trabajo, entre otras.

Sea como fuere, si alguna vez viajas a esta zona del mundo o trabajas con personas escandinavas, sin duda es un tema que conviene saber para minimizar los choques culturales. ¿Habías oído hablar de la Ley de Jante? ¿Qué te parece? Te animo a dejar un comentario.

Día de la Deuda Ecológica

Hoy, 28 de julio, es el Día de Sobrecapacidad de la Tierra o Día de la Deuda Ecológica del año 2022. Se trata del día que marca, según una serie de cálculos científicos, cuando la actividad humana ha agotado los recursos biológicos que se generarían en nuestro planeta, de manera natural, a lo largo de un año.

Es un indicador de la sostenibilidad (en este caso, insostenibilidad) de nuestra forma de vida a nivel planetario. Diciéndolo de otra manera, desde el 1 de enero hasta el 28 de julio, la demanda humanitaria ha gastado todos los recursos que puede generar la Tierra de forma natural, lo que implica que, para satisfacer nuestro consumo anual, ahora mismo necesitaríamos 1,75 Tierras.

Evolución del día de la Deuda Ecológica. Fuente: Global Footprint Network.

En términos económicos, podríamos decir que a partir de entonces y hasta el final del año la Tierra estaría en déficit, reduciendo las reservas de recursos y acumulando CO2 en la atmósfera.

Lleva midiéndose desde 1987 (ese año la fecha fue el 23 de octubre) por Global Footprint Network, y cada año que pasa – siguiendo mayores niveles de consumo y un crecimiento demográfico – la fecha solo hace que avanzar. Se dio una excepción en 2020 (fue el 22 de agosto), coincidiendo con la pandemia de Coronavirus, donde se incrementó la fecha en 25 días respecto a 2019.

Abogando por la sostenibilidad, el día sirve para indicarnos que debemos cambiar distintos – y grandes – aspectos de nuestra forma de vida, si queremos garantizar una vida a las generaciones venideras, aparte de otras consideraciones más particulares.

Puedes saber más en:

Página web del Earth Overshoot Day: https://www.overshootday.org/

Estimación de la fecha del Día de Sobrecapacidad de la Tierra de 2022: https://www.overshootday.org/content/uploads/2022/06/Earth-Overshoot-Day-2022-Nowcast-Report.pdf

Normandía: La ruta de la Liberación

La Guerra. Una de las mayores atrocidades de la que ha sido y sigue siendo capaz el ser humano. Normandía, aparte de tener muchos atractivos naturales, gastronómicos e históricos, es una zona marcada por el inicio de la victoria aliada hace casi 80 años, comenzando con el desembarco anfibio más grande de la historia, el día D. En este viaje, recorrí la Normandía (zona costera al noroeste de Francia, cercana a la costa inglesa) de la Operación Overlord, excursión que recomiendo totalmente a cualquiera con un mínimo interés por nuestra historia reciente.

Sobre la batalla de Normandía existe muchísima información, real y ficticia, en distintos medios. Destaco los siguientes títulos de cultura popular: Hermanos de sangre (libro de 1992 y miniserie de TV de 2001), Salvar al Soldado Ryan (película de 1998), El día más largo (libro de 1959 y película de 1962), Patton (película de 1970), Día D: La batalla de Normandía (libro de 2009) y series de videojuegos como las de Medal of Honor y Call of Duty; entre muchos otros. Así que, en este artículo la parte histórica se obvia, por norma general.

Sí mencionaré los números de esos días, para que nos hagamos una idea de la magnitud del evento. Estando la mayor parte de Francia tomada por la Alemania Nazi, se produjo un desembarco en la mañana del 6 de junio de 1944 por parte de las tropas aliadas (formadas principalmente por Canadá, Estados Unidos, Francia y Reino Unido, así como fuerzas de otros países como Australia o Polonia, en menor medida). Esa mañana desembarcaron en ese tramo de costa (5 playas, de 80 km de longitud); un total de 156.000 soldados. Una semana después, 326.547 tropas aliadas más llegaron a esa costa. A partir de aquí, os cuento un recorrido que puede hacerse en 3 ó 4 días.

Este itinerario incluye lugares emblemáticos con monumentos conmemorativos, antiguas edificaciones de la época (arquitectura de guerra), museos varios, cementerios y sitios similares. Puede empezarse de oeste a este (desde Cherbourg hasta prácticamente Caen) o viceversa, siguiendo más o menos la línea de costa, como se indica un mapa a continuación. Así fue como lo realicé y así lo relato.

Quinéville

Comencé la ruta en Quinéville (unos 20 km al este de Chebourg), en una parte de la muralla atlántica (línea defensiva de búnkeres, murallas y otras edificaciones defensivas ideada por el Tercer Reich). Es un pequeño pueblo costero en el que podemos visitar el World War 2 museum, una colección privada de distintos artilugios (incluyendo una batería de defensa en el propio edificio) y una excelente exposición de maquetas (tamaño 1:16) así como información general sobre la vida durante la Guerra. Incluye un pequeño tramo representando una calle francesa durante la ocupación alemana.

Baterías de Crisbecq

Siguiendo la carretera hacia el sur, llegaremos a las baterías de Crisbecq. Se trata de una red de 22 búnkeres y baterías antiaéreas que los alemanes construyeron y habitaron durante la guerra, en un punto estratégico desde donde se pueden observar playas y poblaciones cercanas, en lo alto de una colina. Es un recorrido bastante completo, los búnkeres están en muy buen estado y sirve para recrear como era la vida dentro de estas estructuras.

Baterías de Azeville

Entre Quineville y Saint-Mère-Église se encuentran las baterías en la pequeña población de Azeville. Una red de 4 baterías comunicadas por un búnker subterráneo muy bien conservado. La exposición describe, a parte de la vida en el búnker, su proceso constructivo y la relación con los habitantes de la aldea.

Saint-Mère-Église

Pintoresco pueblo al sur de Quineville, objetivo de paracaidistas aliados durante el día D. Los alemanes prendieron fuego a los techos de las casas para poder ver mejor durante la noche y disparar, por lo que un buen número de paracaidistas no llegó a tocar el suelo con vida. Varios monumentos que recuerdan estas tropas en la plaza principal, y en especial al maniquí de John Steele, paracaidista norteamericano que quedó enganchado en lo alto de la Iglesia local, haciéndose el muerto durante varias horas para evitar ser disparado. En este pueblo se encuentra el Airborne Museum, que describe estas maniobras.

La Pointe du Hòc

En este enclave tuvo lugar uno de los episodios más críticos en la mañana del día D. La Pointe du Hòc es un promontorio, sobre una colina que acaba en unos acantilados por encima de la playa. Por esta geografía, era un lugar aventajado donde los alemanes colocaron varios búnkeres con 6 baterías de largo alcance. Antes de desembarcar en las playas, una brigada especial de montaña (rangers) llegó por mar, con el objetivo de trepar y escalar por la vertical para deshabilitar las baterías, ya que las playas de Omaha y Utah estaban bajo su alcance con cañones de 155 mm.

Se trata de una ruta a pie por la explanada, donde se pueden visitar varios de estos búnkeres y baterías. Destaca la orografía variable de esta zona: fue objetivo aéreo del bando aliado y por ello los cráteres son aún obvios. El soldado americano James Eikner, tras trepar a la colina, describió: “Cuando llegamos arriba, parecía que habíamos llegado a la luna, había tantos cráteres”.

Vista de los acantilados en La Pointe du Hòc.

Memorial y cementerio alemán

Al sur de La Pointe du Hòc, en La Cambe, se encuentra el Memorial y cementerio alemán. Aquí reposan muchos de los soldados alemanes que perdieron su vida durante aquellos días. Además de un par de cámaras para la oración o respeto, hay una pequeña exposición que describe el proceso por el concilio y la construcción del Memorial, entre otros temas.

Playa Utah y Museo

Es la playa más occidental de las 5, y fue objetivo de desembarco, junto a Omaha, de tropas americanas. En Utah desembarcaron unas 23.000 tropas. Está ubicada entre Quinéville y Saint Croix sur Mer, y además de los distintos memoriales, entre los que se incluye una auténtica barca con estatuas de soldados desembarcando.

Junto a los monumentos principales, está el Utah Beach Museum, que recorre la historia del desembarco en esta playa a través de distintos objetos y vehículos. Dentro del mismo existe un avión bombardero B26 completo, el Dinah Might, de los que emplearon los aliados durante la batalla de Normandía y de los que solo quedan 7 en todo el mundo.

Playa Omaha – Memorial y cementerio americano

Es la siguiente tras Utah, y quizá la más popular de las 5 playas. Aquí desembarcaron unas 34.000 tropas estadounidenses. Existen dos monumentos, uno de ellos a pie de playa, que rememoran ese día. Junto a la playa está el museo de Omaha, con 1.400 m2 de exposición, y a unos pocos kilómetros está el memorial y cementerio estadounidense de Colleville-sur-Mer.

El cementerio cuenta con un mirador hacia las playas, así como distintos monumentos, uno muy completo muestra mapas con la estrategia de desembarco de las tropas aliadas, junto a una impresionante estatua por la libertad.

A la salida del memorial, se encuentra el museo Overlord, que cuenta con 2.200 m2 de exposición y unos 10.000 objetos de la guerra, incluyendo tanques y cañones.

Bayeux – Memorial y cementerio británico y Museo Memorial de la Batalla de Normandía

En Bayeux, ciudad medieval cuya impresionante catedral fue – milagrosamente – respetada por la guerra, se encuentran el memorial británico y el Museo Memorial de la Batalla de Normandía. En el Memorial principal reposan más de 4.100 tropas pertenecientes a países de la Commonwealth (la mayoría son británicas). Cruzando la vía que cruza por delante, frente al cementerio principal, existe un Memorial que conmemora a otros 1.800 caídos sin tumba conocida.

Muy cerca tenemos el museo Memorial de la Batalla de Normandía (que oficialmente tuvo lugar entre el 7 de junio y el 29 de agosto de 1944), y contiene tanques, armamento y otros objetos de la batalla, a lo largo de sus 2.000 m2 de exposición que recrea la batalla en orden cronológico.

Batería en Longue-sur-Mer

Ubicada al Norte de Bayeux, aquí se encuentran cuatro casamatas bastante intactas con baterías empleadas por los alemanes para labores de defensa. Contienen algunos cañones originales de 150 mm y desde ellas se pueden llegar a ver las playas de Gold y Omaha.

Arromanches-les-Bains: Puerto Mulberry y museos

Ubicado en la localidad de Arromanches-les-Bains, aquí las tropas aliadas instalaron un puerto artificial (denominado Mulberry) durante la toma de Normandía, para la provisión de armamento y otros víveres. De ello, todavía quedan en pie varias estructuras: unas bien dentro del mar, a varios kilómetros de la costa, y otras muy cercanas a la playa. Son estructuras de hormigón que flotaban en su día, que pueden tocarse cuando la marea está baja. Se encuentran en un estado semi derruido, y el agua que sale de sus recovecos tiene fuertes tonalidades negras debido a los distintos compuestos que se desprenden.

De una parte, da a pensar en lo efímero de las interacciones antropogénicas con el entorno: al final, la naturaleza retoma lo que es suyo, y dentro de cien años, poca cosa quedará. De otra, me dio a pensar en las cantidades absurdas de recursos que se necesitan para hacer guerra. Hormigón, cemento, acero y otros materiales que se acabarán degradando en el océano.

En esta localidad se encuentran también dos museos: el Museo del Desembarco de Arromanches, inaugurado en 1954, cuenta con más de 2.000 artefactos de la Guerra, así como distintos dioramas (incluyendo uno que muestra el puerto artificial en funcionamiento). Muy cerca está también el Museo de Arromanches 360o Cinema Circulaire, con proyecciones y distintas secuencias de imágenes tomadas durante la batalla.

Playa Gold

Unos pocos kilómetros al este de Arromanches nos encontramos con la playa Gold – junto a Sword, en las que desembarcaron las tropas británicas – donde podemos encontrar varios monumentos, así como alguna estructura de la muralla atlántica integrada en el actual paseo marítimo. En esta playa desembarcaron casi 25.000 soldados.

Playa Juno – Museo y Memorial canadiense

Siguiendo la playa Gold, llegamos a la playa Juno, entre las poblaciones de Ver-sur-mer y Saint-Aubin-sur-Mer. Juno fue la principal playa de desembarco de las tropas canadienses (unas 14.000) junto con las francesas, llegando a un total de más de 21.000. El General Charles De Gaulle, líder del gobierno francés en aquella época, visitó la misma días después del desembarco para reconocer el esfuerzo de las tropas y arengarlas para seguir avanzando, antes de establecer en Bayeux su gobierno provisional. El lugar de su visita queda marcado con una gran cruz de Lorena.

En esta playa se encuentra el icónico bunker torcido ´Cosy´, apodado así tras el teniente William ´Cosy´ Aitken, cuya unidad lo tomó tras introducir varias granadas por sus aperturas. Existe también el Juno Beach Centre, museo memorial dedicado a las tropas canadienses.

A unos pocos kilómetros, en Beny-sur-Mer, se encuentra el Memorial y cementerio por los soldados canadienses caídos durante la batalla.

Playa Sword – Museos del Gran Búnker y de los Comandos

Esta playa contiene un memorial al comando de boinas verdes dirigido por el capitán Philippe Kieffer, que lideró el desembarco en esta playa. Además de un museo dedicado a esta hazaña, está también el museo del Gran Búnker-Muralla Atlántica. Como su nombre indica, es un antiguo búnker, intacto, ya que los alemanes que lo ocupaban se entregaron a las tropas británicas al detonar éstas su puerta principal. Repasa la vida dentro de un búnker a lo largo de sus 6 plantas (con todo lujo de detalle) y como nota peliculera en él podemos subirnos a una barcaza, la PA 30-31, del desembarco, que se restauró y empleó para filmar esa secuencia con los personajes principales, en la película Salvar al Soldado Ryan.

Complejo Hillman y Puente Pegasus

En dirección sur desde la playa Sword, nos encontramos con el complejo Hillman: otra red de búnkeres y baterías con vistas a la costa. Está en peor estado que los mencionados anteriormente y en muchas de las estancias no puede entrarse, aunque como parte positiva, su visita es gratuita.

Siguiendo la carretera al sur en dirección a Caen, nos toparemos con nuestra penúltima parada: el Puente Pegaso. La toma de este enclave por las tropas aliadas fue crítica ya que la misión de los aliados que llegaron por aire era tomar el puente durante la noche, antes del desembarco, para prevenir que las tropas alemanas enviaran refuerzos por el este. Existe una serie de monumentos en los puntos donde aterrizaron las tropas, y un museo donde se recuerda la hazaña (e incluye el puente original de aquella noche).

Memorial de Caen

En Caen, la capital de Normandía, está el Memorial de Caen. Es un museo que recorre el proceso de paz durante el Siglo XX, más allá de la Guerra, con espíritu de reconciliación. A parte de la batalla de Normandía y la Segunda Guerra Mundial, recorre la Guerra Fría y la Europa del siglo pasado. En él se proyectan distintas películas temáticas y tiene también varios jardines con monumentos por la vida y en homenaje a aquellos que perdieron la suya.

Y hasta aquí mi viaje por la ruta de la Liberación. En cuanto a los museos, he intentado mencionar la mayoría, aunque hay más de 10 (diría que cerca de 20) sobre esta temática por toda la zona. Muchos de ellos muestran colecciones (algunas, gigantescas) con artilugios, objetos e información sobre distintos aspectos de la batalla de Normandía. En mi caso, los que visité (Museo WW2 de Quineville, baterías de Crisbecq, Memorial de Caen y museo del Gran Búnker-Muralla Atlántica) se debieron a elecciones personales: a parte de la historia, me encantan el modelismo y la arquitectura.

Más allá del turismo de guerra, que tiene algo, abominable y crudo, atrayente para muchos, quisiera destacar la parte humana (o mejor dicho, inhumana) de la guerra. Pensé en esto visitando los cementerios de las distintas tropas, ya que una oscura bruma silenció mi mente durante esos ratos. Los distintos cementerios, el alemán de Le Cambe, donde descansan cerca de 22.000 alemanes, el norteamericano de Colleville sur Mer, con 9.387 tumbas, o el de Bayeux, donde yacen casi 6.000 tropas de la Commonwealth (en su mayoría británicas), entre otros, están perfectamente cuidados y limpios al milímetro. Todos tienen monumentos y habitáculos destinados a la oración o memoria. Además de estos cementerios, existen otros por la zona, como otro alemán en Huisnes-sur-Mer, muy cercano a Mt. St. Michel, o el resto de los cementerios de la Commonwealth. En todos los cementerios de guerra en Normandía, hay más de 110.000 vidas cortadas de forma absurda (al menos, desde un punto de vista ético) y prematura.

Los chicos que aquí murieron, simplemente se disparaban unos a otros por vestir uniformes distintos, pero a buen seguro muchos hubieran pasado una tarde de camaradería con unas cervezas de por medio, en cualquier otro contexto. Dos cosas me llamaron especialmente la atención, la primera, la multitud de tumbas sin identificar y la segunda, la edad de la mayoría de las soldados: jóvenes entre dieciocho y veintipocos años. Probablemente muchos todavía no habían votado en unas elecciones (ojo, que los menores de veintiuno norteamericanos no estaban autorizados a pedirse una cerveza en la mayoría de los estados), sin embargo, sí se les consideraba lo suficientemente hombres como para ir a morir o matar en la guerra. Qué terrible ironía.

Dicho esto, la ruta de la Liberación de Normandía bien merece una visita. Entre paradas bélicas, hay pueblecitos encantadores, con cafés, jardines y boulangeries artesanales donde descansar. Con suerte, podréis encontrar un mercado local donde comprar sidra (Normandía es el mayor productor de Francia) y ostras, delicias de la zona. Veréis también que en muchos edificios oficiales ondean no solo la bandera francesa, sino también las aliadas y la alemana, en señal de memoria, concilio y paz. En algunas viviendas particulares observé la bandera francesa junto con la estadounidense, y me entretuve al pensar como del horror de la guerra, algunos soldados americanos encontraron una nueva vida en esta zona de Francia.

10 cosas muy danesas (I)

“La población danesa, tiene especial debilidad por las cosas danesas, les gustan mucho”. Aunque parezca una frase propia de Mariano Rajoy, no lo es. En Dinamarca existe cierto orgullo por los productos, costumbres o alimentos autóctonos, sea por varios motivos que no vienen ahora al caso. Si vives o has vivido en Dinamarca, seguro que reconocerás algunos de estos. En caso contrario, espero que te sirva para conocer un poco mejor este país escandinavo y, por qué no, ir planeando una visita. A continuación, tenéis una lista de 10 cosas muy, pero que muy, danesas.

  1. Cervezas: Tuborg, Carlsberg, Albani y Royal Export

Todas estas marcas tienen como principal reclamo la pilsner, el tipo de cerveza que domina en el panorama nacional. Tuborg, fundada en 1873, da la sensación de ser algo más popular que la Carlsberg (1847) en lo que a ventas nacionales se refiere. Desde 1970, eso sí, Tuborg es propiedad del grupo Carlsberg. Ambas patrocinan eventos deportivos, de ocio, etcétera, y son las que la mayoría de los daneses te llevará a casa si organizas una comida o cena. Las beben desde grupos de estudiantes hasta la actual primera ministra. Existen también otras cervezas nacionales, pero algo menores en cuanto a marketing, la Albani (fundada en 1859 y típica en la isla de Fionia) y la Royal (del grupo Royal Unibrew, segundo tras Carlsberg y al que desde 2000 pertenece la Albani, entre otras). Estas marcas agrupan decenas de tipos de cervezas, pero, si me dan a elegir entre sus 4 más básicas, me quedo con el sabor de la Albani, que tiene algo más de cuerpo que las demás.

2. Rugbrød – pan negro

El principal ingrediente de muchos desayunos o almuerzos en este país. Es denso, nutritivo (casi el doble de fibra y un 10% menos de hidratos de carbono que el pan blanco, por porción) y existen varias recetas para aprovecharlo incluso cuando se reseca, como el ølbrød (una especie de gachas a la cerveza).

Habitual es que la gente se lleve sándwiches con este pan para comer en el trabajo, siendo también el ingrediente principal del clásico smørrebrød, sándwich abierto danés.

Rugbrød, recién horneado. Cortesía de Mayra Navarrete.

3. Las bicicletas

Dinamarca es un país muy plano, lo que hace que montar en bicicleta no tenga la dificultad física que existe con una orografía variable. Es muy normal montar en bicicleta, no solo para hacer ejercicio, sino para realizar sus tareas diarias: la población coge la bici para ir a trabajar, a hacer la compra, para quedar en grupos, etcétera. En cierto modo, puede interpretarse como representación de la homogeneidad de esta sociedad: todo el mundo, jóvenes y mayores, pueden tener acceso a una.

Ah, y raro es no encontrar una calle, en las grandes ciudades, que no tenga carril bici.

Cykelslangen, puente exclusivo para ciclistas en Copenhague.

4. Remoulade – salsa danesa

Mezcla de mostaza con mayonesa, se llama remoulade o salsa danesa (al menos, así la he visto en algunos supermercados españoles). Elemento habitual en cualquier nevera del país, es esencial para el también típico smørrebrød, así como para las albóndigas de pescado o frikadeller.

Suele contener también, pequeños trocitos de cebolla o pepinillo picados. Hoy en día se emplea también como acompañamiento de casi todo, como por ejemplo en las patatas fritas.

5. Alquilar una vivienda: fianza de tres meses

Sí, has leído bien. Cuando vas a alquilar una casa en Dinamarca se paga una fianza por valor de 3 meses de alquiler. Cuando llegué hace un tiempo, intenté por distintos medios buscar un piso con fianza “normal”, de un mes. No perdáis el tiempo, es imposible. En Dinamarca la fianza son tres meses de alquiler, y punto, por lo que os conviene venir con unos buenos ahorros para esto (además de la fianza, se ha de pagar el primer y el último mes de vuestra estancia, al entrar a vivir, o sea que en total toca pagar 5 meses de buenas a primeras). Cuando dejes la vivienda, puedes dar gracias si recuperas más de la mitad de la fianza, aunque eso da para otro artículo.

6. Sild – Arenque encurtido

De los alimentos más singulares que he probado. Es arenque curado y posteriormente envinagrado, que se condimenta con distintas especias para generar varios tipos. Tiene una textura más tierna que el pescado crudo, un punto dulzón en la mayoría de los casos y es rico en omega 3 y vitamina D. Indispensable junto con el pan negro en el famoso sándwich abierto danés.

Destacan el de cebolla y eneldo, el de cebolla y clavo, de color rojizo y más recientemente el de curry. Desde que estoy por estas tierras, se ha convertido en uno de mis alimentos favoritos.

Pan negro con mantequilla, salsa danesa, arenque, zanahoria y pepino. Hay días en lo que no necesito nada más.

7. La informalidad laboral

A muchos expatriados/as nos choca al principio: quitarse los zapatos en la oficina, desayunar juntos de vez en cuando, el Friday bar, venir a trabajar en zapatillas y vaqueros o comer junto a la persona de mayor rango en la organización. El ambiente de trabajo resulta – por norma general – bastante más en informal que en la mayoría de los países europeos. Parte de ello tiene que ver con una jerarquía más horizontal, como se comentó en este artículo.

Desde que estoy aquí, para trabajar no me he puesto unos zapatos en mi vida, Hulio.

8. Cocio

La bebida dulce más popular del país, proveniente de Esbjerg. Cocio (que se pronuncia, coquio) lleva siendo protagonista de los snacks daneses desde 1951, y puede encontrarse en algunos países fuera de Dinamarca. Se trata de una bebida de chocolate con leche, que suele tomarse fría como merienda, en el desayuno, o como remedio para hacer la resaca más llevadera. Algunos aventurados la combinan durante la comida, con el perrito caliente danés.

9. Rød pølser – las salchichas rojas

Los perritos calientes son muy populares en Dinamarca desde los años 20 del siglo pasado, tanto que es muy normal encontrarse con puestos de perritos calientes en cualquier ciudad/pueblo, siendo una comida rápida válida en una jornada de trabajo, o mientras se da un paseo, entre otros. Ahora, el ingrediente que le da el toque 100% danés es el tipo de salchicha.

Las rød pølser son salchichas (tipo Frankfurt) normales y corrientes, pero tienen el recubrimiento de un llamativo color rojo. Sólo las he encontrado aquí. No pican, ni tienen un condimento especial, sino que se trata de algo puramente visual.

Cocio med rød pølse, «delicatessen» solo apta para vikingos. Scandikitchen.

10. Dannebrog – la bandera nacional

La bandera nacional – conocida como la más antigua del mundo – se emplea en todo tipo de celebraciones como aniversarios, graduaciones, Navidades, etcétera. Algo que me chocó los primeros meses, fue ver de vez en cuando autobuses, que las llevaban en sus capotas. Al emplearse (según marca la leyenda) desde 1219, el país se siente muy orgulloso de ella. Tanto es así, que desde 1915, es ilegal ondear otra bandera que no sea la danesa, feroesa, groenlandesa, la de las Naciones Unidas, la UE y el resto de países escandinavos; sin permiso de las autoridades locales. Una excepción puede darse, si colocamos la bandera de nuestro país, junto a la bandera danesa.

En 2017, una familia en Kolding (municipio en la península de Jutlandia), recibió una visita de la policía que le indicó quitar la bandera estadounidense que ondeaba en su jardín, teniendo que pagar una multa de 2500 DKK (unos 340 €) si no lo hacían.

Así que, ojito con emplear otras banderas en Dinamarca. Y si como expatriados/as, acudís a alguna celebración, o lleváis una tarta al trabajo, o a la cena de Navidad, y lleváis un par de banderas o un pin con la misma, demostrareis a vuestro entorno lo bien integrados que estáis en este país.

Cortesía de Kim Agersten/TV2 Lorry.

Escandinavia a bocados (III): Skerpikjøt y Grind og spik

Hoy volvemos a la gastronomía de las Islas Feroe, en este caso para presentar otros dos alimentos bastante típicos de esta nación archipiélago nórdica: Skerpikjøt, jamón de cordero, y Grind og spik, carne seca y grasa de ballena piloto (calderón).

Quizá el skerpikjøt tenga una mayor popularidad, por su sabor y por ser la versión feroesa de otras carnes curadas como el jamón serrano en España o el prosciutto en Italia, así que empezaremos por este plato. En primer lugar, se ha de destacar que las ovejas tienen especial importancia en este país: introducidas a las islas en el S. IX, se consideran una especie nativa de las mismas y como dato singular, existen aquí más ovejas (en torno a 80.000) que personas (algo menos de 50.000). Tal es su presencia, que la heráldica de Islas Feroe está protagonizada por un carnero.

Volviendo al plato en sí, se trata de muslo de cordero, que se deja curar al aire en un cobertizo o hjallur, entre 5 y 9 meses. Dependiendo de este tiempo de maduración, la carne tendrá un sabor distinto. Y sí, como muchos otros platos de esta zona del mundo, la carne tiene un olor fuerte, como a carne a punto de pasarse o vieja, aunque en absoluto lo esté.

En cuanto al sabor y la textura, es la de una carne poco curada, muy tierna y tirando a cruda. Puede considerarse, remotamente parecido al jamón, en lo que se come como un fiambre, dándole el punto semi-crudo un toque similar al steak tartare o carpaccio, aunque tiene un claro sabor a cordero. Suele tomarse acompañado de pan, mantequilla y un poco de sal. En las islas, se toma con un pan de centeno feroés sin levadura, drýlur, difícil de encontrar fuera del archipiélago. Es un pan tradicional, que se remonta a la era Vikinga y que puede emplearse como complemento de muchos otros platos feroeses. Si vives en Dinamarca, un sustituto notable para éste es el Sønderjysk rugbrød.

Pasemos ahora a algo más exótico, Grind og spik o Tvøst og spik cuando la carne no es seca.Se trata de carne seca de ballena piloto o calderón, más de una persona habrá visto imágenes impactantes de la caza de estos mamíferos en las islas. Ojo, que como ocurre en los medios y las redes, un titular o una imagen sin su trasfondo tiende a sacarse de contexto. La caza de estas ballenas tiene significativa importancia en la cultura e historia locales, pese a las críticas que se reciben por grupos ecologistas, una de cuyas principales críticas llama a motivos de crueldad animal (pese a que la técnica de la matanza se ha perfeccionado, para que los animales mueran de manera más rápida) y regulación: esta actividad no está regulada por la Comisión Ballenera Internacional sino por las autoridades locales (como hacen otros países, incluido Japón), aunque es miembro de esta organización internacional a través de su estado de autonomía parcial bajo Dinamarca.

En cualquier caso, esta caza (celebrada anualmente y llamada Grindadráp) se realiza desde hace más de 1500 años, y junto a la cría de ovejas, la pesca y el cultivo de verduras de tierra, son las únicas fuentes de alimento propias del archipiélago. Entonces, el comercio con otras zonas era muy limitado, y, dada la lejanía con otras tierras (la más próxima, Escocia, a 320 km al sur), la población isleña tenía que sobrevivir con lo que la naturaleza ponía a su disposición. En cuanto a la sostenibilidad de esta práctica, se realiza una vez al año y durante la misma se cazan en torno a 1.000 ejemplares, de una especie que no está en riesgo y de la que existen desde 380.000 hasta más de 750.000 ejemplares (Minton, Reeves, y Braulik, 2018). Los números varían bastante, pero no hay ningún indicio que indiquen que la Grindadráp sea una práctica insostenible (Singleton y Fielding, 2017).

Esta es una cacería sin fines comerciales, y toda la carne se consume en las islas. Como dato simbólico en lo cultural, me ha sorprendido conocer de primera mano, que toda la carne de la caza se reparte entre la comunidad, aunque muchas personas no participen en la jornada, las que sí participan se encargan de distribuirla a lo largo y ancho del archipiélago, en aldeas remotas, a personas mayores, etc. Me parece algo muy representativo de las poblaciones isleñas que me he encontrado a lo largo de los años: el sentimiento de comunidad está muy presente, de forma genuina y homogénea.

Sin embargo, recientemente se han encontrado mercurio, plomo, cadmio y organoclorados en esta carne. Por estos motivos, se recomienda consumir carne de ballena no más de una o dos veces al mes (Weihe y Johensen, 2012). Debido a estos y otros motivos sociales, económicos y culturales, es lógico prever que esta práctica pueda variar con el tiempo, o al menos adaptarse más a la realidad actual (Singleton y Fielding, 2017).

Dejando historia, tradición, salud y polémica aparte, lo primero que llama la atención es el color de esta carne (que, al estar curada, me recuerda en lo visual a la mojama): es totalmente negra, tanto que cuando la compré pensé que me la estaban pegando con un trozo de carbón. No huele demasiado, y es un alimento especialmente nutritivo: tiene unos 23 gramos de proteína por cada 100, algo más de 3 de grasa, 300 mg de potasio, 100 de sodio, 12 de calcio, 4 de hierro y varias vitaminas, entre otros. En cuanto a la grasa, tiene textura, olor, apariencia y cremosidad (deja un reguero aceitoso allí por donde pasa) de lo que es. Otra curiosidad es que, al guardarla en el congelador, no se congela del todo: estos animales están acostumbrados a sobrevivir en aguas muy frías.

Y bien, ¿de qué forma se come esto?, te estarás preguntando. Pues muy sencillo, parecido al tørfisk, la manera tradicional es combinándolo con patatas hervidas. En este caso, nos sobra la mantequilla, ya que tenemos la grasa. La manera que se recomienda es combinando los tres en montaditos, como si fuera un pintxo: patata, carne y grasa. La carne y la grasa, mejor si la cortamos en finas láminas, como la mojama o el carpaccio.

El sabor es muy curioso, y no se parece a nada de lo que he comido en mi vida hasta ahora. Cortándolo fino, puede observarse un color rojizo si lo miramos al contraste de una luz, e inicialmente, relaciono su sabor con una mezcla entre mojama y cecina, pero distinto, más intenso diría yo, y no tan salado. Al estar tan seco, la grasa adereza y da una cremosidad añadida a la textura, aunque admito que me costó comerla: está cruda y tiene un sabor especial, algo que no había probado antes y mi paladar no ha podido valorar. Quizá, me convenga tener una botella de aquavit a mano la próxima vez.

Y tú, que acabas de leerlo. ¿Has probado alguna vez estos alimentos, u otros de las islas? ¿Os atreverías a probarlo?

Referencias y un breve documental:

Weihe, P., & Joensen, H. D. (2012). Dietary recommendations regarding pilot whale meat and blubber in the Faroe Islands. International journal of circumpolar health71, 18594. https://doi.org/10.3402/ijch.v71i0.18594. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3417701/

Singleton, B.E., Fielding, R. (2017) Inclusive hunting: examining Faroese whaling using the theory of socio-cultural viability. Maritime Studies 16, 6 (2017). https://doi.org/10.1186/s40152-017-0061-9. Disponible en: https://link.springer.com/article/10.1186/s40152-017-0061-9

Minton, G., Reeves, R. & Braulik, G. 2018. Globicephala melasThe IUCN Red List of Threatened Species 2018: e.T9250A50356171. https://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2018-2.RLTS.T9250A50356171.en. Disponible en: https://www.iucnredlist.org/species/9250/50356171

The Grind, (2015). Breve documental (30 minutos) sobre la caza de ballenas piloto, durante la temporada de 2014, que muestra tanto la práctica de la misma, como el enfrentamiento entre la comunidad feroesa y el grupo activista Sea Shepherd. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=HYOTkwFhe-w

Escandinavia a bocados (II): El Tørfisk

Tomando como punto de partida el artículo sobre el Surströmming, en esta serie presentaré alimentos y guisos característicos de los distintos países escandinavos. Hoy os presento el tørfisk (pescado seco, en danés), un plato típico de las Islas Feroe, Islandia (donde se conoce como turrur fiskur o harðfiskur, en sendas lenguas) y algunas zonas de Noruega. En esencia, se trata de bacalao en filetes, seco.

El secado al sol es uno de los métodos de conservación de alimentos más antiguos y efectivos, y estas poblaciones isleñas han sido bien conocedoras de ello. Tras la pesca, el bacalao se limpia, sacándole las vísceras y se corta por la mitad, dejándolo unido por la cola, para luego colgarlo en unos secaderos (siguiendo la receta original) próximos al mar, mientras el sol y el aire hacen el resto. Al contrario de lo que pueda parecer en un inicio, el Tørfisk se seca sin sal, y puede durar años en este estado.

En estos países, el Tørfisk puede tomarse como aperitivo (como en este vídeo, en Islandia) o bien como plato principal acompañado de patatas hervidas y algo de verduras frescas como acompañamiento. Es un plato sencillo, barato y muy nutritivo (con un alto valor proteico). Al ser un pescado deshidratado, conviene darle cremosidad o nos quedará muy seco al masticarlo. Esto se consigue añadiéndole mantequilla a temperatura ambiente, esparciéndola por uno de los lados del filete. Así, también le añadimos hidratos de carbono y grasa al bacalao.

El Tørfisk tiene un olor intenso y un sabor genuino a bacalao, nada salado (lo que, personalmente, agradezco) y combinado con las verduras queda un plato combinado relativamente ligero y fresco. Su textura es, sin embargo, dura y seca (salvando las distancias, recuerda a la de la cecina u otras carnes secas), por lo que hay que masticarlo muy bien, saboreándolo con cada bocado.

Existe una amplia variedad de pescado seco en estos países, a parte del Tørfisk (bacalao), como por ejemplo el bagre (harðfiskur steinbítur, en islandés). Estas variaciones dependen, a parte del tipo de pescado, del periodo de secado del mismo.

Fuera de Islas Feroe e Islandia, podemos encontrar Tørfisk en Noruega, siendo algo más difícil en Dinamarca o Suecia. En estos últimos, puede encontrarse en tiendas especiales como Icefood en Copenhague (especializada en comida de estos países), o Islandsfisk en Varberg. Dependiendo de donde vivamos, también hay varias empresas que realizan envíos online, como nordfra. Ojo, que si al buscarlo os aparecen fotos de cuatro tipos tocando la guitarra, no es ningún error: curiosamente, existe un grupo de música danés con el mismo nombre.

¿Habéis probado el Tørfisk, o un pescado similar? Si es así, os invito a dejar un comentario con vuestra experiencia.

¡Buen provecho!

Viaje Dinamarca – España (II): ¿Volar o no volar?

Cada vez es más habitual encontrarse con discursos en favor de viajar en tren, en lugar de hacerlo en avión, desde un punto de vista medioambiental (principalmente, emisiones de CO2, el compuesto gaseoso que más contribuye al cambio climático). Existen además numerosas fuentes científicas que lo confirman: si hacemos el mismo viaje sustituyendo el tren por el avión, se emite menos CO2 por persona.

Ahora, la mayoría de las personas y organizaciones, por suerte o por desgracia, tienen otros intereses más allá de los puramente medioambientales. En lo relativo a los viajes, me planteo entonces las siguientes cuestiones: emisiones durante el viaje, precio, tiempo y seguridad/comodidad. Tres de ellas cuestiones cuantitativas, y una cualitativa. A partir de aquí, expongo mi experiencia en el último viaje largo (Copenhague – Valencia) que hice en tren. Si has llegado hasta aquí y todo esto te viene de nuevas, te recomiendo, antes de seguir, leer el artículo previo. He de decir que en este caso me planteo el transporte como llegada desde el punto A hasta el punto B, no como unas vacaciones en sí (como sería, por ejemplo, un viaje de interrail). Ahora, vamos al tema.

  1. Emisiones

El trayecto en tren Copenhague – Valencia tuvo paradas en Hamburgo, Duisburgo, París y Barcelona. Como el último tramo lo realicé en coche, tomaré como referencia para este cálculo el equivalente a volar hasta Barcelona, descontando el último tramo.

Ahora, existen varios métodos para calcular las emisiones, que dependen del tipo de tren y avión. Una opción es ir tramo a tramo con el tren, ya que las emisiones de cada trayecto suelen venir a modo informativo en los billetes de tren. Otra es utilizar un software como Ecopassenger, ICAO, GoClimate o planetly, que estiman las emisiones en base a varios parámetros (longitud del trayecto, modo de transporte, paradas intermedias, etc.). He intentado incluir estas medidas básicas (que cualquier persona puede realizar con un ordenador o teléfono) en la tabla siguiente:

Tipo de trayectoModo de transporteEmisiones asociadas (por persona)ParadasFuente
Copenhague – BarcelonaTren108, 5 kgHamburgo, Duisburgo, ParísEcopassenger, metodología del IFEU
Barcelona – CopenhagueTren126,3 kgParís, Mannheim, HamburgoEcopassenger, metodología del IFEU
Copenhague – BarcelonaAvión163,1 kgNingunaEcopassenger, metodología del IFEU
Copenhague – BarcelonaAvión179 kgNingunaGoogleflights, datos de la EEA
Copenhague – ValenciaAvión229 kgZúrichGoogleflights, datos de la EEA

Sí, queda a la vista que viajar en tren emite menos CO2, y también, que un vuelo con paradas intermedias contamina más que uno directo, ya se generan más emisiones en los despegues que volando a velocidad constante. Tomando distintos valores, puede concluirse que el viaje en tren es entre un 23% y un 53% veces menos contaminante, y por tanto mejor para el planeta.

2. Coste

Fundamental a la hora de plantearnos un viaje es el precio del transporte. Es, con diferencia, el aspecto que la mayoría de gente se plantea al inicio. Quién no ha escuchado la frase… ¿Y cuánto cuestan los vuelos?

Viajando en tren, en este caso, he tenido que gastar también en alojamiento, ya que no existen trenes nocturnos en todas las rutas. Los gastos han sido los siguientes, en cada trayecto:

Trayecto de idaPrecioTrayecto de vueltaPrecio
Tren Copenhague – Hamburgo65,10 €Tren Valencia – Barcelona32,30 €
Tren Hamburgo – Duisburgo41,90 €Tren Barcelona – París204 €
Tren Duisburgo – París84 €Tren París – Mannheim67 €
Tren París – Barcelona142,50 €Tren Mannheim – Hamburgo148 €
Coche Barcelona – Valencia23 €Tren Hamburgo – Copenhague49,90 €
Alojamiento París31 €Alojamiento Barcelona43,93 €
Total387,5 € Total545,13 €

Curiosamente, el mismo trayecto París – Barcelona me costó en las Navidades de 2020, durante el primer invierno COVID, 42 €. Este es otro de los problemas de los billetes de tren y/o avión, que como en la reserva de hoteles o entradas de espectáculos, sigue un modo de fijación de precios dinámico. Así, el mismo trayecto tiene distinto precio en función de la antelación o demanda del viaje.

Para el trayecto Copenhague – Valencia no existe en vuelo directo, pero tomando combinaciones similares (volar a Madrid, Barcelona o Alicante y un transporte adicional hasta Valencia), las opciones quedan en lo económico:

VueloVíaCoste por trayecto
Copenhague – ValenciaBarcelona184 €
Copenhague – ValenciaÁmsterdam134 €
Copenhague – AlicanteDirecta53 €

Comparando ambos resultados, queda claro que ahora mismo volar sale entre 2 y 9 veces más barato que tomar un tren. En total, el viaje de ida y vuelta para una persona en tren me costó 932,63 €, mientras que en avión puede llegar a costar 106 € (y unos posteriores enlaces Alicante – Valencia que pueden costar unos 40 € ida y vuelta).

A estos precios, obviamente el avión es obviamente la opción favorita (o, mejor dicho, viable) para la mayoría de las personas, ya que no todo el mundo, especialmente si hablamos de trayectos en familia, puede permitirse esos precios.

3. Tiempo

Otro aspecto fundamental es lo largo que puede ser el trayecto. El viaje en tren, de origen a destino e incluyendo el tiempo de las paradas, me tomó 36 horas a la ida y 42 horas a la vuelta.

El mismo origen y destino, pero tomando un avión y un enlace con tren, puede tomarnos unas 6, tomando el tren con mayor velocidad posible de añadido hasta Valencia. El avión puede resultar 7 veces más rápido.

Aquí ya entra el factor de lo rápido que deseemos llegar. En mi caso, el viaje en tren es distinto a volar, en el sentido que disfruto durante el trayecto, de los paisajes cambiantes y el ritmo del tren. Aprovecho además la mayoría de los viajes en tren para leer, escribir o trabajar y en este sentido, no me importa tardar más.

4. Seguridad y comodidad

Pese a que la seguridad y comodidad de los trayectos son factores subjetivos, también suelen tener importancia a la hora de elegir un modo de transporte.

Con seguridad, me refiero a la integridad del trayecto en aspectos de escalas, o sea, el riesgo a no perder un enlace o que se extravíe una maleta, por ejemplo. El viaje en avión, en este caso, es sencillo. Tiene un máximo de una escala ya sea avión directo a Madrid, Barcelona o Alicante y tren hasta Valencia, o avión a Valencia con una escala intermedia. Únicamente cuando bajamos del último avión hemos de preocuparnos por nuestro equipaje, entonces hemos de recogerlo y llevarlo encima en la conexión final.

Viajando en tren, existe mayor riesgo de que haya retrasos u otros inconvenientes que nos hagan perder nuestros enlaces, o directamente que se cancele un trayecto. En mi viaje, estuve cerca de perderlo en dos ocasiones: la primera, nada más salir de casa, debido a los retrasos causados por el robo de cable en una estación (zona de Valencia), y su posterior incendio, y la segunda en Alemania, donde uno de mis trenes directamente fue cancelado. Pese a que pude embarcar en otro, la imposibilidad de comprar un seguro con todos los trayectos desde Dinamarca a España es mi mayor preocupación en este tipo de viajes. El modo de compra de los billetes es trayecto por trayecto, y si perdemos una conexión nos quedamos totalmente desprotegidos.

Debemos estar también pendientes – en mayor o menor medida – de nuestro equipaje, ya que no existe un compartimento específico para el mismo que se abra para recogerlo en el destino final, a diferencia de cuando volamos. En general se viaja relativamente tranquilo, pero bien es cierto que había paradas intermedias entre trayectos, con gente que bajaba y subía, en las que revisaba mi maleta con la mirada para que no le ocurriera algo indeseado.

Esta partida la gana, intuyo que, para mucha gente, el avión. Una vez te subes en él puedes relajarte y olvidarte de todo. En mi caso, me importa menos por el tema de poder trabajar y disfrutar del paisaje, aunque es bien cierto que, salvo si viajo en un compartimento individual, me es difícil conciliar el sueño al cien por cien en un compartimento abierto, con mi maleta por un lado y otras personas desconocidas por otro.

Y ahora, ¿qué?

Tal como están las cosas, la única razón que tiene la mayoría de la ciudadanía para viajar en tren más que en avión sería, en mi opinión, una razón de gusto por el tren, miedo a volar, o un genuino compromiso medioambiental. No existen otros incentivos, bien económicos (precios reducidos para trayectos largos, descuentos en los comercios próximos a las estaciones de tren de las principales ciudades o en hostales próximos a ellas, etcétera) o sociales (por inventarme algo, un carnet de persona responsable con el medio ambiente).

Como en otros casos (por ejemplo, en la compra de comida o ropa) dentro de la sociedad de consumo occidental, llevar unos hábitos más responsables a nivel social y medioambiental, le sale más caro al consumidor. Es como está montado el sistema actual. Sin embargo, la afirmación nunca deja de sorprenderme: cuidar el planeta sale más caro.

Desde la Unión Europea, existe una corriente de acción que aboga por fomentar los viajes en tren, como recoge el último plan de acción. Sin embargo, al mismo tiempo salen a la luz noticias como esta, donde Lufthansa anunció que debía realizar 18.000 vuelos vacíos con el fin de asegurar sus derechos de aterrizaje y despegue en los aeropuertos. Algo sin duda desesperanzador, ya que el cambio climático es considerado el mayor reto al que se enfrenta la humanidad, requiriendo una transformación completa de nuestra forma de vida, incluso llegando a cuestiones que ahora damos por sentadas, como la mera ‘necesidad’ de viajar por placer. Por tanto, ver este tipo de contradicciones del lado de las instituciones no hace más que dejarme pasmado.

Desconozco que acciones más específicas se están llevando a cabo en el corto plazo, pero, por ejemplo, hacer un pase para viajeros internacionales, que asegure la integridad del trayecto en caso de retraso podría ser uno de los primeros pasos a tomar. U ofrecer precios reducidos a aquellas personas que atraviesan varios países, otra, por poner varios ejemplos. Según mi experiencia, puedo afirmar que existe bastante trabajo por delante, para que veamos el tren como un modo de transporte real, que resulte atractivo a una mayor parte de la sociedad europea.

En mi caso, me estoy inclinando por reducir los vuelos en la medida de lo posible (explorar las ciudades europeas con mejor conexión en tren, eliminar los viajes relámpago en avión, etcétera), y solo tomarlos cuando sea esencial (por ejemplo, si viajo a través del atlántico). Al mismo tiempo, permaneceré expectante e intentaré abogar por nuevas políticas y/o modelos de negocio que hagan los viajes en tren más atractivos para un mayor número de personas.

Puedes leer más sobre este tema en:

Connecting Europe Express, página web de la Comisión Europea para la promoción del transporte de personas en tren: https://www.connectingeuropeexpress.eu/

Plataforma independiente para la promoción de trenes nocturnos en la Unión Europea: https://trainsforeurope.eu/

The man in seat 61, página web de viajes en tren creada por Mark Smith: https://www.seat61.com/

Artículo sobre el estado de las vías en Europa, de Investigative Europe: https://www.investigate-europe.eu/en/2021/derailed-europe-railway/

Información sobre nuestros derechos cuando viajamos en tren por Europa: https://www.citizensinformation.ie/en/consumer/travel/your_rights_when_travelling_in_the_eu_by_rail_bus.html

Viaje Dinamarca – España (I): El tren, una experiencia nostálgica

Coincidiendo con el año Europeo del tren, estas Navidades emprendí el viaje de vuelta completo (el año pasado realicé solo la ida) desde Dinamarca a España en este modo de transporte, para vivir la experiencia de viajar en un modo de transporte que puede llegar a ser 7 veces menos contaminante (en cuanto a emisiones de CO2) que un vuelo en avión en función del trayecto.

El transporte de bienes y personas corresponde a un 24,6% de las emisiones de CO2 en la Europa de los 27, de este porcentaje, el 13,2% se debe al transporte en avión, 71,8% a los vehículos de combustión y el tren al 0,4% Así que decidí la opción más sostenible de entre todas estas (1). Las emisiones de CO2 asociadas a mi viaje en tren, de casi 2700 km, fueron de aproximadamente 75 kg, frente a los 325 kg que hubieran supuesto tomar un vuelo a casa, según datos del gobierno de Reino Unido (2).

Dejando de lado – por ahora – el asunto de las emisiones, los viajes largos en tren tienen un fondo especial, donde el trayecto en sí forma parte de la experiencia del viaje, algo que no se da cuando nos subimos a un avión. El tiempo dentro del tren puede emplearse de varias formas: por ejemplo, se puede sociabilizar en el vagón cafetería (más conveniente en tiempos prepandemia), y si tenemos un trabajo de oficina, se puede trabajar casi a la perfección desde el tren, siempre que llevemos nuestro ordenador o documentos.

Además, para alguien a quien le encantan los viajes, realizar dos o tres paradas de unas pocas horas en distintas ciudades europeas tiene un gran atractivo. ¿A quién no le gusta pasear por París un sábado por la mañana? En cuanto al tiempo del trayecto, en mi caso se ha tratado de un periodo de introspección y trabajo, así como una sucesión de paisajes y arquitecturas variadas que añaden a un ambiente muy propicio para leer o escribir.

El trayecto de ida fue: Copenhague – Hamburgo, Hamburgo – Duisburgo, Duisburgo – París, París – Barcelona y de Barcelona a mi pueblo en BlaBlaCar. Todo ello en unas 36 horas de viernes por la mañana a sábado por la tarde, pasando la noche del viernes en París. En Hamburgo, tras 5 horas de tren, tuve un hora y media de espera al siguiente, lo suficiente para dar un paseo por los alrededores de la estación, entrar en un mercado navideño a beberme una taza de vino caliente y comerme un bocadillo, que me alegraron la marcha y calentaron el cuerpo. En Duisburgo apenas tuve 40 minutos entre trenes, y ya llegué a París sobre las 21:30 de la noche, que aproveché para pegarme una ducha caliente y dormir en un Hotel. La mañana siguiente, pude dar un paseo por orillas del Sena y contemplar la Catedral de Nôtre Dame, que sigue siendo una estructura impresionante pese a que ha lucido mejores épocas. Marché para Barcelona a las 10:14, llegando a la ciudad condal 6 horas y media más tarde, y desde allí hasta casa otras tres horas en coche.

18 días más tardé emprendí el viaje de vuelta, que a priori iba a ser más entretenido, ya que por primera vez en mi vida iba a tomar un tren nocturno. Este itinerario fue: Barcelona – París, París – Mannheim, Mannheim – Hamburgo (nocturno) y Hamburgo – Copenhague al día siguiente por la mañana, y este viaje incluye una noche de hotel en Barcelona, sumando un total de 45 horas aproximadamente. Ahora, durante este viaje tuve un car de contratiempos que casi me hacen perder más de un tren, y aquí entra uno de los grandes inconvenientes que tienen estos viajes: la independencia de cada billete e inseguridad total del trayecto completo, en caso de que uno de ellos sea retrasado o cancelado.

El primer contratiempo se dio nada más empezar, ya que en la línea que me llevaba a Barcelona una de las estaciones sufrió un robo e incendio, que retrasó todo el trayecto entre esa vía (y así será durante un par de meses, según uno de los trabajadores de renfe). Por suerte pude tomar un autobús de repuesto a Castellón, y de ahí a Barcelona. El trayecto Barcelona – París transcurrió con normalidad, y tras dar un paseo y tomarme un té por la Bastilla, embarqué en el París – Mannheim. De Mannheim iba a tomar un tren nocturno (Nightjet) donde llegaría la mañana siguiente a Hamburgo, pero media hora antes de llegar a esa parada recibí un correo electrónico con la notificación que ese tren había sido cancelado.

Eran las 21:40 de la noche y al día siguiente temprano tenía que tomar mi último tren (Hamburgo – Copenhague), así que os podéis imaginar la sensación de caos que me invadió. En cualquier caso, pronto me centré y reprogramé mi viaje con los trenes que había disponibles, prolongando mi trayecto hasta Frankfurt y tomando otro tren hacia Hamburgo. Pese a no tener billetes para esa conexión, lógicamente me admitieron en él, aunque perdí mi cabina con cama individual y tuve que dormir a ratos en el asiento de un Intercity convencional durante la noche (Orfidal, ¡gracias!). En cualquier caso, solventé la jugada y llegué a Copenhague en el momento planeado desde el principio.

Estos fueron mis dos trayectos, de Dinamarca a España y viceversa, en Diciembre de 2021. Descubrí una forma de viajar más pausada, pensativa, sostenible, y a la vez insegura por momentos y bastante más cara que otros medios de transporte como el avión. Si os ha gustado y deseáis saber más, dadle a suscribir para o estad atentos al blog ya que en el siguiente artículo compararé al detalle cada uno de los aspectos de este viaje, especialmente costes, tiempos y emisiones.

Referencias:

(1) European Environmental Agency, 2020. Train or Plane? Transport and Environment Report 2020. Disponible aquí: https://www.eea.europa.eu/publications/transport-and-environment-report-2020

(2) Department for Business, Energy & Industrial Strategy, 2020. Greenhouse gas reporting: conversion factors 2020. Disponible en: https://www.gov.uk/government/publications/greenhouse-gas-reporting-conversion-factors-2020

Primeros trámites al llegar a Dinamarca

En este artículo conoceréis las gestiones indispensables nada más llegar a Dinamarca (ciudadanos con pasaporte UE), para comenzar vuestra vida escandinava. Estas os servirán para estudiar o trabajar, ir al médico, cobrar, etcétera, en definitiva, para estableceros a nivel administrativos. Son las siguientes:

  1. Certificado de residencia UE;
  2. Tarjeta de registro/Seguridad Social (CPR);
  3. Certificado Personal (NemID);
  4. Cuenta bancaria, transporte y aplicaciones móviles;

A partir de aquí, detallo qué es cada una y que requiere para completarlas.

  1. Certificado de residencia UE

Este documento sirve para demostrarle al Estado que provienes de un país de la UE, del Espacio Económico Europeo o Suiza y por tanto tienes derecho a residir en Dinamarca. Sin él, se nos reducirá al mismo estado que alguien que viene por turismo, con un máximo de 3 meses de estancia. Es, así, lo primero que hemos de tramitar al llegar a Dinamarca y puede hacerse a través de las oficinas del Servicio Internacional de Integración (SIRI, por sus siglas en danés).

Para ello, se ha de pedir cita previa a través de este enlace en una de las oficinas que existen en Copenhague, Aarhus, Odense, Bornholm, Aalborg o Aabenraa. Recuerda, deberás llevar: fotografía tamaño carnet, pasaporte/DNI y un formulario rellenado dependiendo del origen de tu estancia (se rellena en la oficina, el día de tu cita). Una vez has cumplimentado estos pasos, en ese momento, te entregarán un sobre con este documento y ya podrás partir a realizar la siguiente gestión. Para más información sobre este trámite, pincha aquí.

2. CPR: Número de registro/Tarjeta de Seguridad Social

Este es el documento más importante que puedes tener en Dinamarca. Te servirá para quedar registrado/a en el país, tener acceso a los servicios médicos, abrir una cuenta bancaria, tener un contrato de trabajo, etcétera. El CPR es un código de 10 dígitos (los 6 primeros coinciden con tu fecha de nacimiento), que nos llegará a través de la tarjeta sanitaria.

Para ello, necesitamos en primer lugar el Certificado de residencia UE. A continuación, hemos de pedir cita en la Oficina para la ciudadanía internacional más cercana, y rellenar un formulario. Hemos de probar que no estamos en Dinamarca de paso (o sea, que vamos a residir aquí por más de tres meses), y para eso se nos requerirá uno o varios de los siguientes: contrato de trabajo, una carta de admisión de una Universidad si venimos a estudiar, un certificado matrimonial, o similares. Del lado del alquiler, tendremos que aportar también o un contrato de alquiler, o la reserva de un hotel, o un documento en caso de que nos estemos quedando unos días en casa de algún conocido (siempre que ya tenga CPR y esté viviendo de manera legal en una vivienda). Necesitaremos también llevar nuestro pasaporte y/o carnet de identidad.

Es el municipio donde deseamos residir el responsable de asignarnos un CPR. En Copenhague puede pedirse cita en la International House, en el servicio internacional de la ciudad de Aarhus, o en el de Odense, y se trata de un trámite presencial. Una vez lo hayamos registrado todo, la tarjeta sanitaria con nuestro CPR debe llegarnos por correo postal en unos 10-12 días, a la dirección que hayamos registrado.

3. NemID: certificado/firma digital.

El siguiente paso es obtener el NemID, al que podemos postular si tenemos más de 15 años, CPR y un carnet de identidad. Se trata de una especie de certificado/firma digital, que nos permitirá acceder a todos los servicios básicos a través de nuestra ordenador, móvil o Tablet. Con el NemID podremos consultar y operar en nuestra cuenta bancaria, acceder al servicio sanitario para pedir cita, crear una cuenta en la red de bibliotecas, hacer compras por internet, etcétera. Este vídeo lo explica de forma sencilla.

El NemID existe en dos formatos. El primero, una tarjeta física desplegable con códigos de un uso (que nos enviarán por correo, el envío de una nueva tarjeta se renueva automáticamente cuando nos quedan 20 códigos) y tiene el tamaño de una tarjeta de crédito. El segundo método, en mi opinión más cómodo, a través de la aplicación para móviles NemID nøgleapp, que nos pedirá autenticación cada vez que realicemos el trámite. Podemos activarlo en nuestro teléfono móvil una vez hayamos recibido la tarjeta física.

Existe también la posibilidad de pedir nuestro NemID al mismo tiempo que tramitamos el CPR. Mi recomendación es que hagáis lo primero, simplemente rellenando una casilla al tramitar el CPR para que nos lleguen ambos a la vez. En caso de que se nos haya pasado pedirlo con el CPR, podemos hacerlo a través de uno de los centros para la Ciudadanía Internacional que podemos encontrar en toda Dinamarca. Aquí tenéis el listado completo.

4. Cuenta bancaria, transporte y aplicaciones móviles

Necesitas una cuenta bancaria si tu idea es quedarte más que unos pocos meses y vas a tener algún tipo de ingresos. Si tu estancia es corta y no prevés tener demasiados ingresos, hay plataformas de banca digital como revolut que te pueden servir para salir del paso.

En cuanto a bancos con nombre y apellidos, existen multitud que nos pueden poner más o menos trabas para abrir una cuenta. En mi caso, el primer banco que accedió a abrirme una cuenta con mi entonces estatus de estudiante fue Danske Bank, aunque el proceso se demoró más de un mes y dependiendo de la persona con la que trataba me pedían una u otra documentación (certificado de titularidad de una cuenta en España, los fondos que tenía en la misma, si iba a transferir dinero entre cuentas, entre otras).

En cualquier caso, una vez hayamos completado los requerimientos anteriores no debería suponernos mucho esfuerzo abrir una cuenta ya sea en Nordea, Jyske Bank, Arbejdernes Landsbank, etc.

A partir de aquí podremos decir que ya estamos instalados, al menos a nivel oficial, en la sociedad danesa. Luego, será cuestión de si preferimos desplazarnos en bici o con transporte público, para lo que tendremos que hacernos con una tarjeta de transporte (rejsekort, que sirve para tren, metro, tranvía, autobús y algunos ferris), en la estación de tren principal de vuestra ciudad u online, o también mediante la aplicación para trenes (DSB app), dependiendo de la frecuencia y longitud de nuestros trayectos.

Una aplicación que nos facilitará muchísimo la vida es MobilePay, para la que necesitaremos tener una cuenta bancaria y un número de teléfono daneses. Esta aplicación es un bizum a la danesa, pero con mayores prestaciones (por ejemplo, podemos pagar en la mayoría de los establecimientos con ella).

Existen también otras aplicaciones como MinSunhed (que se traduce a “Mi Salud”), donde además del pasaporte COVID, podemos revisar nuestro historial médico y realizar consultas.

Y hasta aquí, espero que te haya servido el artículo, y no dudes en reenviarlo a cualquier persona a quien le pueda ayudar.