10 cosas muy danesas (I)

“La población danesa, tiene especial debilidad por las cosas danesas, les gustan mucho”. Aunque parezca una frase propia de Mariano Rajoy, no lo es. En Dinamarca existe cierto orgullo por los productos, costumbres o alimentos autóctonos, sea por varios motivos que no vienen ahora al caso. Si vives o has vivido en Dinamarca, seguro que reconocerás algunos de estos. En caso contrario, espero que te sirva para conocer un poco mejor este país escandinavo y, por qué no, ir planeando una visita. A continuación, tenéis una lista de 10 cosas muy, pero que muy, danesas.

  1. Cervezas: Tuborg, Carlsberg, Albani y Royal Export

Todas estas marcas tienen como principal reclamo la pilsner, el tipo de cerveza que domina en el panorama nacional. Tuborg, fundada en 1873, da la sensación de ser algo más popular que la Carlsberg (1847) en lo que a ventas nacionales se refiere. Desde 1970, eso sí, Tuborg es propiedad del grupo Carlsberg. Ambas patrocinan eventos deportivos, de ocio, etcétera, y son las que la mayoría de los daneses te llevará a casa si organizas una comida o cena. Las beben desde grupos de estudiantes hasta la actual primera ministra. Existen también otras cervezas nacionales, pero algo menores en cuanto a marketing, la Albani (fundada en 1859 y típica en la isla de Fionia) y la Royal (del grupo Royal Unibrew, segundo tras Carlsberg y al que desde 2000 pertenece la Albani, entre otras). Estas marcas agrupan decenas de tipos de cervezas, pero, si me dan a elegir entre sus 4 más básicas, me quedo con el sabor de la Albani, que tiene algo más de cuerpo que las demás.

2. Rugbrød – pan negro

El principal ingrediente de muchos desayunos o almuerzos en este país. Es denso, nutritivo (casi el doble de fibra y un 10% menos de hidratos de carbono que el pan blanco, por porción) y existen varias recetas para aprovecharlo incluso cuando se reseca, como el ølbrød (una especie de gachas a la cerveza).

Habitual es que la gente se lleve sándwiches con este pan para comer en el trabajo, siendo también el ingrediente principal del clásico smørrebrød, sándwich abierto danés.

Rugbrød, recién horneado. Cortesía de Mayra Navarrete.

3. Las bicicletas

Dinamarca es un país muy plano, lo que hace que montar en bicicleta no tenga la dificultad física que existe con una orografía variable. Es muy normal montar en bicicleta, no solo para hacer ejercicio, sino para realizar sus tareas diarias: la población coge la bici para ir a trabajar, a hacer la compra, para quedar en grupos, etcétera. En cierto modo, puede interpretarse como representación de la homogeneidad de esta sociedad: todo el mundo, jóvenes y mayores, pueden tener acceso a una.

Ah, y raro es no encontrar una calle, en las grandes ciudades, que no tenga carril bici.

Cykelslangen, puente exclusivo para ciclistas en Copenhague.

4. Remoulade – salsa danesa

Mezcla de mostaza con mayonesa, se llama remoulade o salsa danesa (al menos, así la he visto en algunos supermercados españoles). Elemento habitual en cualquier nevera del país, es esencial para el también típico smørrebrød, así como para las albóndigas de pescado o frikadeller.

Suele contener también, pequeños trocitos de cebolla o pepinillo picados. Hoy en día se emplea también como acompañamiento de casi todo, como por ejemplo en las patatas fritas.

5. Alquilar una vivienda: fianza de tres meses

Sí, has leído bien. Cuando vas a alquilar una casa en Dinamarca se paga una fianza por valor de 3 meses de alquiler. Cuando llegué hace un tiempo, intenté por distintos medios buscar un piso con fianza “normal”, de un mes. No perdáis el tiempo, es imposible. En Dinamarca la fianza son tres meses de alquiler, y punto, por lo que os conviene venir con unos buenos ahorros para esto (además de la fianza, se ha de pagar el primer y el último mes de vuestra estancia, al entrar a vivir, o sea que en total toca pagar 5 meses de buenas a primeras). Cuando dejes la vivienda, puedes dar gracias si recuperas más de la mitad de la fianza, aunque eso da para otro artículo.

6. Sild – Arenque encurtido

De los alimentos más singulares que he probado. Es arenque curado y posteriormente envinagrado, que se condimenta con distintas especias para generar varios tipos. Tiene una textura más tierna que el pescado crudo, un punto dulzón en la mayoría de los casos y es rico en omega 3 y vitamina D. Indispensable junto con el pan negro en el famoso sándwich abierto danés.

Destacan el de cebolla y eneldo, el de cebolla y clavo, de color rojizo y más recientemente el de curry. Desde que estoy por estas tierras, se ha convertido en uno de mis alimentos favoritos.

Pan negro con mantequilla, salsa danesa, arenque, zanahoria y pepino. Hay días en lo que no necesito nada más.

7. La informalidad laboral

A muchos expatriados/as nos choca al principio: quitarse los zapatos en la oficina, desayunar juntos de vez en cuando, el Friday bar, venir a trabajar en zapatillas y vaqueros o comer junto a la persona de mayor rango en la organización. El ambiente de trabajo resulta – por norma general – bastante más en informal que en la mayoría de los países europeos. Parte de ello tiene que ver con una jerarquía más horizontal, como se comentó en este artículo.

Desde que estoy aquí, para trabajar no me he puesto unos zapatos en mi vida, Hulio.

8. Cocio

La bebida dulce más popular del país, proveniente de Esbjerg. Cocio (que se pronuncia, coquio) lleva siendo protagonista de los snacks daneses desde 1951, y puede encontrarse en algunos países fuera de Dinamarca. Se trata de una bebida de chocolate con leche, que suele tomarse fría como merienda, en el desayuno, o como remedio para hacer la resaca más llevadera. Algunos aventurados la combinan durante la comida, con el perrito caliente danés.

9. Rød pølser – las salchichas rojas

Los perritos calientes son muy populares en Dinamarca desde los años 20 del siglo pasado, tanto que es muy normal encontrarse con puestos de perritos calientes en cualquier ciudad/pueblo, siendo una comida rápida válida en una jornada de trabajo, o mientras se da un paseo, entre otros. Ahora, el ingrediente que le da el toque 100% danés es el tipo de salchicha.

Las rød pølser son salchichas (tipo Frankfurt) normales y corrientes, pero tienen el recubrimiento de un llamativo color rojo. Sólo las he encontrado aquí. No pican, ni tienen un condimento especial, sino que se trata de algo puramente visual.

Cocio med rød pølse, «delicatessen» solo apta para vikingos. Scandikitchen.

10. Danneborg – la bandera nacional

La bandera nacional – conocida como la más antigua del mundo – se emplea en todo tipo de celebraciones como aniversarios, graduaciones, Navidades, etcétera. Algo que me chocó los primeros meses, fue ver de vez en cuando autobuses, que las llevaban en sus capotas. Al emplearse (según marca la leyenda) desde 1219, el país se siente muy orgulloso de ella. Tanto es así, que desde 1915, es ilegal ondear otra bandera que no sea la danesa, feroesa, groenlandesa, la de las Naciones Unidas, la UE y el resto de países escandinavos; sin permiso de las autoridades locales. Una excepción puede darse, si colocamos la bandera de nuestro país, junto a la bandera danesa.

En 2017, una familia en Kolding (municipio en la península de Jutlandia), recibió una visita de la policía que le indicó quitar la bandera estadounidense que ondeaba en su jardín, teniendo que pagar una multa de 2500 DKK (unos 340 €) si no lo hacían.

Así que, ojito con emplear otras banderas en Dinamarca. Y si como expatriados/as, acudís a alguna celebración, o lleváis una tarta al trabajo, o a la cena de Navidad, y lleváis un par de banderas o un pin con la misma, demostrareis a vuestro entorno lo bien integrados que estáis en este país.

Cortesía de Kim Agersten/TV2 Lorry.

Escandinavia a bocados (III): Skerpikjøt y Grind og spik

Hoy volvemos a la gastronomía de las Islas Feroe, en este caso para presentar otros dos alimentos bastante típicos de esta nación archipiélago nórdica: Skerpikjøt, jamón de cordero, y Grind og spik, carne seca y grasa de ballena piloto (calderón).

Quizá el skerpikjøt tenga una mayor popularidad, por su sabor y por ser la versión feroesa de otras carnes curadas como el jamón serrano en España o el prosciutto en Italia, así que empezaremos por este plato. En primer lugar, se ha de destacar que las ovejas tienen especial importancia en este país: introducidas a las islas en el S. IX, se consideran una especie nativa de las mismas y como dato singular, existen aquí más ovejas (en torno a 80.000) que personas (algo menos de 50.000). Tal es su presencia, que la heráldica de Islas Feroe está protagonizada por un carnero.

Volviendo al plato en sí, se trata de muslo de cordero, que se deja curar al aire en un cobertizo o hjallur, entre 5 y 9 meses. Dependiendo de este tiempo de maduración, la carne tendrá un sabor distinto. Y sí, como muchos otros platos de esta zona del mundo, la carne tiene un olor fuerte, como a carne a punto de pasarse o vieja, aunque en absoluto lo esté.

En cuanto al sabor y la textura, es la de una carne poco curada, muy tierna y tirando a cruda. Puede considerarse, remotamente parecido al jamón, en lo que se come como un fiambre, dándole el punto semi-crudo un toque similar al steak tartare o carpaccio, aunque tiene un claro sabor a cordero. Suele tomarse acompañado de pan, mantequilla y un poco de sal. En las islas, se toma con un pan de centeno feroés sin levadura, drýlur, difícil de encontrar fuera del archipiélago. Es un pan tradicional, que se remonta a la era Vikinga y que puede emplearse como complemento de muchos otros platos feroeses. Si vives en Dinamarca, un sustituto notable para éste es el Sønderjysk rugbrød.

Pasemos ahora a algo más exótico, Grind og spik o Tvøst og spik cuando la carne no es seca.Se trata de carne seca de ballena piloto o calderón, más de una persona habrá visto imágenes impactantes de la caza de estos mamíferos en las islas. Ojo, que como ocurre en los medios y las redes, un titular o una imagen sin su trasfondo tiende a sacarse de contexto. La caza de estas ballenas tiene significativa importancia en la cultura e historia locales, pese a las críticas que se reciben por grupos ecologistas, una de cuyas principales críticas llama a motivos de crueldad animal (pese a que la técnica de la matanza se ha perfeccionado, para que los animales mueran de manera más rápida) y regulación: esta actividad no está regulada por la Comisión Ballenera Internacional sino por las autoridades locales (como hacen otros países, incluido Japón), aunque es miembro de esta organización internacional a través de su estado de autonomía parcial bajo Dinamarca.

En cualquier caso, esta caza (celebrada anualmente y llamada Grindadráp) se realiza desde hace más de 1500 años, y junto a la cría de ovejas, la pesca y el cultivo de verduras de tierra, son las únicas fuentes de alimento propias del archipiélago. Entonces, el comercio con otras zonas era muy limitado, y, dada la lejanía con otras tierras (la más próxima, Escocia, a 320 km al sur), la población isleña tenía que sobrevivir con lo que la naturaleza ponía a su disposición. En cuanto a la sostenibilidad de esta práctica, se realiza una vez al año y durante la misma se cazan en torno a 1.000 ejemplares, de una especie que no está en riesgo y de la que existen desde 380.000 hasta más de 750.000 ejemplares (Minton, Reeves, y Braulik, 2018). Los números varían bastante, pero no hay ningún indicio que indiquen que la Grindadráp sea una práctica insostenible (Singleton y Fielding, 2017).

Esta es una cacería sin fines comerciales, y toda la carne se consume en las islas. Como dato simbólico en lo cultural, me ha sorprendido conocer de primera mano, que toda la carne de la caza se reparte entre la comunidad, aunque muchas personas no participen en la jornada, las que sí participan se encargan de distribuirla a lo largo y ancho del archipiélago, en aldeas remotas, a personas mayores, etc. Me parece algo muy representativo de las poblaciones isleñas que me he encontrado a lo largo de los años: el sentimiento de comunidad está muy presente, de forma genuina y homogénea.

Sin embargo, recientemente se han encontrado mercurio, plomo, cadmio y organoclorados en esta carne. Por estos motivos, se recomienda consumir carne de ballena no más de una o dos veces al mes (Weihe y Johensen, 2012). Debido a estos y otros motivos sociales, económicos y culturales, es lógico prever que esta práctica pueda variar con el tiempo, o al menos adaptarse más a la realidad actual (Singleton y Fielding, 2017).

Dejando historia, tradición, salud y polémica aparte, lo primero que llama la atención es el color de esta carne (que, al estar curada, me recuerda en lo visual a la mojama): es totalmente negra, tanto que cuando la compré pensé que me la estaban pegando con un trozo de carbón. No huele demasiado, y es un alimento especialmente nutritivo: tiene unos 23 gramos de proteína por cada 100, algo más de 3 de grasa, 300 mg de potasio, 100 de sodio, 12 de calcio, 4 de hierro y varias vitaminas, entre otros. En cuanto a la grasa, tiene textura, olor, apariencia y cremosidad (deja un reguero aceitoso allí por donde pasa) de lo que es. Otra curiosidad es que, al guardarla en el congelador, no se congela del todo: estos animales están acostumbrados a sobrevivir en aguas muy frías.

Y bien, ¿de qué forma se come esto?, te estarás preguntando. Pues muy sencillo, parecido al tørfisk, la manera tradicional es combinándolo con patatas hervidas. En este caso, nos sobra la mantequilla, ya que tenemos la grasa. La manera que se recomienda es combinando los tres en montaditos, como si fuera un pintxo: patata, carne y grasa. La carne y la grasa, mejor si la cortamos en finas láminas, como la mojama o el carpaccio.

El sabor es muy curioso, y no se parece a nada de lo que he comido en mi vida hasta ahora. Cortándolo fino, puede observarse un color rojizo si lo miramos al contraste de una luz, e inicialmente, relaciono su sabor con una mezcla entre mojama y cecina, pero distinto, más intenso diría yo, y no tan salado. Al estar tan seco, la grasa adereza y da una cremosidad añadida a la textura, aunque admito que me costó comerla: está cruda y tiene un sabor especial, algo que no había probado antes y mi paladar no ha podido valorar. Quizá, me convenga tener una botella de aquavit a mano la próxima vez.

Y tú, que acabas de leerlo. ¿Has probado alguna vez estos alimentos, u otros de las islas? ¿Os atreverías a probarlo?

Referencias y un breve documental:

Weihe, P., & Joensen, H. D. (2012). Dietary recommendations regarding pilot whale meat and blubber in the Faroe Islands. International journal of circumpolar health71, 18594. https://doi.org/10.3402/ijch.v71i0.18594. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3417701/

Singleton, B.E., Fielding, R. (2017) Inclusive hunting: examining Faroese whaling using the theory of socio-cultural viability. Maritime Studies 16, 6 (2017). https://doi.org/10.1186/s40152-017-0061-9. Disponible en: https://link.springer.com/article/10.1186/s40152-017-0061-9

Minton, G., Reeves, R. & Braulik, G. 2018. Globicephala melasThe IUCN Red List of Threatened Species 2018: e.T9250A50356171. https://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2018-2.RLTS.T9250A50356171.en. Disponible en: https://www.iucnredlist.org/species/9250/50356171

The Grind, (2015). Breve documental (30 minutos) sobre la caza de ballenas piloto, durante la temporada de 2014, que muestra tanto la práctica de la misma, como el enfrentamiento entre la comunidad feroesa y el grupo activista Sea Shepherd. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=HYOTkwFhe-w

Escandinavia a bocados (II): El Tørfisk

Tomando como punto de partida el artículo sobre el Surströmming, en esta serie presentaré alimentos y guisos característicos de los distintos países escandinavos. Hoy os presento el tørfisk (pescado seco, en danés), un plato típico de las Islas Feroe, Islandia (donde se conoce como turrur fiskur o harðfiskur, en sendas lenguas) y algunas zonas de Noruega. En esencia, se trata de bacalao en filetes, seco.

El secado al sol es uno de los métodos de conservación de alimentos más antiguos y efectivos, y estas poblaciones isleñas han sido bien conocedoras de ello. Tras la pesca, el bacalao se limpia, sacándole las vísceras y se corta por la mitad, dejándolo unido por la cola, para luego colgarlo en unos secaderos (siguiendo la receta original) próximos al mar, mientras el sol y el aire hacen el resto. Al contrario de lo que pueda parecer en un inicio, el Tørfisk se seca sin sal, y puede durar años en este estado.

En estos países, el Tørfisk puede tomarse como aperitivo (como en este vídeo, en Islandia) o bien como plato principal acompañado de patatas hervidas y algo de verduras frescas como acompañamiento. Es un plato sencillo, barato y muy nutritivo (con un alto valor proteico). Al ser un pescado deshidratado, conviene darle cremosidad o nos quedará muy seco al masticarlo. Esto se consigue añadiéndole mantequilla a temperatura ambiente, esparciéndola por uno de los lados del filete. Así, también le añadimos hidratos de carbono y grasa al bacalao.

El Tørfisk tiene un olor intenso y un sabor genuino a bacalao, nada salado (lo que, personalmente, agradezco) y combinado con las verduras queda un plato combinado relativamente ligero y fresco. Su textura es, sin embargo, dura y seca (salvando las distancias, recuerda a la de la cecina u otras carnes secas), por lo que hay que masticarlo muy bien, saboreándolo con cada bocado.

Existe una amplia variedad de pescado seco en estos países, a parte del Tørfisk (bacalao), como por ejemplo el bagre (harðfiskur steinbítur, en islandés). Estas variaciones dependen, a parte del tipo de pescado, del periodo de secado del mismo.

Fuera de Islas Feroe e Islandia, podemos encontrar Tørfisk en Noruega, siendo algo más difícil en Dinamarca o Suecia. En estos últimos, puede encontrarse en tiendas especiales como Icefood en Copenhague (especializada en comida de estos países), o Islandsfisk en Varberg. Dependiendo de donde vivamos, también hay varias empresas que realizan envíos online, como nordfra. Ojo, que si al buscarlo os aparecen fotos de cuatro tipos tocando la guitarra, no es ningún error: curiosamente, existe un grupo de música danés con el mismo nombre.

¿Habéis probado el Tørfisk, o un pescado similar? Si es así, os invito a dejar un comentario con vuestra experiencia.

¡Buen provecho!

Viaje Dinamarca – España (II): ¿Volar o no volar?

Cada vez es más habitual encontrarse con discursos en favor de viajar en tren, en lugar de hacerlo en avión, desde un punto de vista medioambiental (principalmente, emisiones de CO2, el compuesto gaseoso que más contribuye al cambio climático). Existen además numerosas fuentes científicas que lo confirman: si hacemos el mismo viaje sustituyendo el tren por el avión, se emite menos CO2 por persona.

Ahora, la mayoría de las personas y organizaciones, por suerte o por desgracia, tienen otros intereses más allá de los puramente medioambientales. En lo relativo a los viajes, me planteo entonces las siguientes cuestiones: emisiones durante el viaje, precio, tiempo y seguridad/comodidad. Tres de ellas cuestiones cuantitativas, y una cualitativa. A partir de aquí, expongo mi experiencia en el último viaje largo (Copenhague – Valencia) que hice en tren. Si has llegado hasta aquí y todo esto te viene de nuevas, te recomiendo, antes de seguir, leer el artículo previo. He de decir que en este caso me planteo el transporte como llegada desde el punto A hasta el punto B, no como unas vacaciones en sí (como sería, por ejemplo, un viaje de interrail). Ahora, vamos al tema.

  1. Emisiones

El trayecto en tren Copenhague – Valencia tuvo paradas en Hamburgo, Duisburgo, París y Barcelona. Como el último tramo lo realicé en coche, tomaré como referencia para este cálculo el equivalente a volar hasta Barcelona, descontando el último tramo.

Ahora, existen varios métodos para calcular las emisiones, que dependen del tipo de tren y avión. Una opción es ir tramo a tramo con el tren, ya que las emisiones de cada trayecto suelen venir a modo informativo en los billetes de tren. Otra es utilizar un software como Ecopassenger, ICAO, GoClimate o planetly, que estiman las emisiones en base a varios parámetros (longitud del trayecto, modo de transporte, paradas intermedias, etc.). He intentado incluir estas medidas básicas (que cualquier persona puede realizar con un ordenador o teléfono) en la tabla siguiente:

Tipo de trayectoModo de transporteEmisiones asociadas (por persona)ParadasFuente
Copenhague – BarcelonaTren108, 5 kgHamburgo, Duisburgo, ParísEcopassenger, metodología del IFEU
Barcelona – CopenhagueTren126,3 kgParís, Mannheim, HamburgoEcopassenger, metodología del IFEU
Copenhague – BarcelonaAvión163,1 kgNingunaEcopassenger, metodología del IFEU
Copenhague – BarcelonaAvión179 kgNingunaGoogleflights, datos de la EEA
Copenhague – ValenciaAvión229 kgZúrichGoogleflights, datos de la EEA

Sí, queda a la vista que viajar en tren emite menos CO2, y también, que un vuelo con paradas intermedias contamina más que uno directo, ya se generan más emisiones en los despegues que volando a velocidad constante. Tomando distintos valores, puede concluirse que el viaje en tren es entre un 23% y un 53% veces menos contaminante, y por tanto mejor para el planeta.

2. Coste

Fundamental a la hora de plantearnos un viaje es el precio del transporte. Es, con diferencia, el aspecto que la mayoría de gente se plantea al inicio. Quién no ha escuchado la frase… ¿Y cuánto cuestan los vuelos?

Viajando en tren, en este caso, he tenido que gastar también en alojamiento, ya que no existen trenes nocturnos en todas las rutas. Los gastos han sido los siguientes, en cada trayecto:

Trayecto de idaPrecioTrayecto de vueltaPrecio
Tren Copenhague – Hamburgo65,10 €Tren Valencia – Barcelona32,30 €
Tren Hamburgo – Duisburgo41,90 €Tren Barcelona – París204 €
Tren Duisburgo – París84 €Tren París – Mannheim67 €
Tren París – Barcelona142,50 €Tren Mannheim – Hamburgo148 €
Coche Barcelona – Valencia23 €Tren Hamburgo – Copenhague49,90 €
Alojamiento París31 €Alojamiento Barcelona43,93 €
Total387,5 € Total545,13 €

Curiosamente, el mismo trayecto París – Barcelona me costó en las Navidades de 2020, durante el primer invierno COVID, 42 €. Este es otro de los problemas de los billetes de tren y/o avión, que como en la reserva de hoteles o entradas de espectáculos, sigue un modo de fijación de precios dinámico. Así, el mismo trayecto tiene distinto precio en función de la antelación o demanda del viaje.

Para el trayecto Copenhague – Valencia no existe en vuelo directo, pero tomando combinaciones similares (volar a Madrid, Barcelona o Alicante y un transporte adicional hasta Valencia), las opciones quedan en lo económico:

VueloVíaCoste por trayecto
Copenhague – ValenciaBarcelona184 €
Copenhague – ValenciaÁmsterdam134 €
Copenhague – AlicanteDirecta53 €

Comparando ambos resultados, queda claro que ahora mismo volar sale entre 2 y 9 veces más barato que tomar un tren. En total, el viaje de ida y vuelta para una persona en tren me costó 932,63 €, mientras que en avión puede llegar a costar 106 € (y unos posteriores enlaces Alicante – Valencia que pueden costar unos 40 € ida y vuelta).

A estos precios, obviamente el avión es obviamente la opción favorita (o, mejor dicho, viable) para la mayoría de las personas, ya que no todo el mundo, especialmente si hablamos de trayectos en familia, puede permitirse esos precios.

3. Tiempo

Otro aspecto fundamental es lo largo que puede ser el trayecto. El viaje en tren, de origen a destino e incluyendo el tiempo de las paradas, me tomó 36 horas a la ida y 42 horas a la vuelta.

El mismo origen y destino, pero tomando un avión y un enlace con tren, puede tomarnos unas 6, tomando el tren con mayor velocidad posible de añadido hasta Valencia. El avión puede resultar 7 veces más rápido.

Aquí ya entra el factor de lo rápido que deseemos llegar. En mi caso, el viaje en tren es distinto a volar, en el sentido que disfruto durante el trayecto, de los paisajes cambiantes y el ritmo del tren. Aprovecho además la mayoría de los viajes en tren para leer, escribir o trabajar y en este sentido, no me importa tardar más.

4. Seguridad y comodidad

Pese a que la seguridad y comodidad de los trayectos son factores subjetivos, también suelen tener importancia a la hora de elegir un modo de transporte.

Con seguridad, me refiero a la integridad del trayecto en aspectos de escalas, o sea, el riesgo a no perder un enlace o que se extravíe una maleta, por ejemplo. El viaje en avión, en este caso, es sencillo. Tiene un máximo de una escala ya sea avión directo a Madrid, Barcelona o Alicante y tren hasta Valencia, o avión a Valencia con una escala intermedia. Únicamente cuando bajamos del último avión hemos de preocuparnos por nuestro equipaje, entonces hemos de recogerlo y llevarlo encima en la conexión final.

Viajando en tren, existe mayor riesgo de que haya retrasos u otros inconvenientes que nos hagan perder nuestros enlaces, o directamente que se cancele un trayecto. En mi viaje, estuve cerca de perderlo en dos ocasiones: la primera, nada más salir de casa, debido a los retrasos causados por el robo de cable en una estación (zona de Valencia), y su posterior incendio, y la segunda en Alemania, donde uno de mis trenes directamente fue cancelado. Pese a que pude embarcar en otro, la imposibilidad de comprar un seguro con todos los trayectos desde Dinamarca a España es mi mayor preocupación en este tipo de viajes. El modo de compra de los billetes es trayecto por trayecto, y si perdemos una conexión nos quedamos totalmente desprotegidos.

Debemos estar también pendientes – en mayor o menor medida – de nuestro equipaje, ya que no existe un compartimento específico para el mismo que se abra para recogerlo en el destino final, a diferencia de cuando volamos. En general se viaja relativamente tranquilo, pero bien es cierto que había paradas intermedias entre trayectos, con gente que bajaba y subía, en las que revisaba mi maleta con la mirada para que no le ocurriera algo indeseado.

Esta partida la gana, intuyo que, para mucha gente, el avión. Una vez te subes en él puedes relajarte y olvidarte de todo. En mi caso, me importa menos por el tema de poder trabajar y disfrutar del paisaje, aunque es bien cierto que, salvo si viajo en un compartimento individual, me es difícil conciliar el sueño al cien por cien en un compartimento abierto, con mi maleta por un lado y otras personas desconocidas por otro.

Y ahora, ¿qué?

Tal como están las cosas, la única razón que tiene la mayoría de la ciudadanía para viajar en tren más que en avión sería, en mi opinión, una razón de gusto por el tren, miedo a volar, o un genuino compromiso medioambiental. No existen otros incentivos, bien económicos (precios reducidos para trayectos largos, descuentos en los comercios próximos a las estaciones de tren de las principales ciudades o en hostales próximos a ellas, etcétera) o sociales (por inventarme algo, un carnet de persona responsable con el medio ambiente).

Como en otros casos (por ejemplo, en la compra de comida o ropa) dentro de la sociedad de consumo occidental, llevar unos hábitos más responsables a nivel social y medioambiental, le sale más caro al consumidor. Es como está montado el sistema actual. Sin embargo, la afirmación nunca deja de sorprenderme: cuidar el planeta sale más caro.

Desde la Unión Europea, existe una corriente de acción que aboga por fomentar los viajes en tren, como recoge el último plan de acción. Sin embargo, al mismo tiempo salen a la luz noticias como esta, donde Lufthansa anunció que debía realizar 18.000 vuelos vacíos con el fin de asegurar sus derechos de aterrizaje y despegue en los aeropuertos. Algo sin duda desesperanzador, ya que el cambio climático es considerado el mayor reto al que se enfrenta la humanidad, requiriendo una transformación completa de nuestra forma de vida, incluso llegando a cuestiones que ahora damos por sentadas, como la mera ‘necesidad’ de viajar por placer. Por tanto, ver este tipo de contradicciones del lado de las instituciones no hace más que dejarme pasmado.

Desconozco que acciones más específicas se están llevando a cabo en el corto plazo, pero, por ejemplo, hacer un pase para viajeros internacionales, que asegure la integridad del trayecto en caso de retraso podría ser uno de los primeros pasos a tomar. U ofrecer precios reducidos a aquellas personas que atraviesan varios países, otra, por poner varios ejemplos. Según mi experiencia, puedo afirmar que existe bastante trabajo por delante, para que veamos el tren como un modo de transporte real, que resulte atractivo a una mayor parte de la sociedad europea.

En mi caso, me estoy inclinando por reducir los vuelos en la medida de lo posible (explorar las ciudades europeas con mejor conexión en tren, eliminar los viajes relámpago en avión, etcétera), y solo tomarlos cuando sea esencial (por ejemplo, si viajo a través del atlántico). Al mismo tiempo, permaneceré expectante e intentaré abogar por nuevas políticas y/o modelos de negocio que hagan los viajes en tren más atractivos para un mayor número de personas.

Puedes leer más sobre este tema en:

Connecting Europe Express, página web de la Comisión Europea para la promoción del transporte de personas en tren: https://www.connectingeuropeexpress.eu/

Plataforma independiente para la promoción de trenes nocturnos en la Unión Europea: https://trainsforeurope.eu/

The man in seat 61, página web de viajes en tren creada por Mark Smith: https://www.seat61.com/

Artículo sobre el estado de las vías en Europa, de Investigative Europe: https://www.investigate-europe.eu/en/2021/derailed-europe-railway/

Información sobre nuestros derechos cuando viajamos en tren por Europa: https://www.citizensinformation.ie/en/consumer/travel/your_rights_when_travelling_in_the_eu_by_rail_bus.html

Viaje Dinamarca – España (I): El tren, una experiencia nostálgica

Coincidiendo con el año Europeo del tren, estas Navidades emprendí el viaje de vuelta completo (el año pasado realicé solo la ida) desde Dinamarca a España en este modo de transporte, para vivir la experiencia de viajar en un modo de transporte que puede llegar a ser 7 veces menos contaminante (en cuanto a emisiones de CO2) que un vuelo en avión en función del trayecto.

El transporte de bienes y personas corresponde a un 24,6% de las emisiones de CO2 en la Europa de los 27, de este porcentaje, el 13,2% se debe al transporte en avión, 71,8% a los vehículos de combustión y el tren al 0,4% Así que decidí la opción más sostenible de entre todas estas (1). Las emisiones de CO2 asociadas a mi viaje en tren, de casi 2700 km, fueron de aproximadamente 75 kg, frente a los 325 kg que hubieran supuesto tomar un vuelo a casa, según datos del gobierno de Reino Unido (2).

Dejando de lado – por ahora – el asunto de las emisiones, los viajes largos en tren tienen un fondo especial, donde el trayecto en sí forma parte de la experiencia del viaje, algo que no se da cuando nos subimos a un avión. El tiempo dentro del tren puede emplearse de varias formas: por ejemplo, se puede sociabilizar en el vagón cafetería (más conveniente en tiempos prepandemia), y si tenemos un trabajo de oficina, se puede trabajar casi a la perfección desde el tren, siempre que llevemos nuestro ordenador o documentos.

Además, para alguien a quien le encantan los viajes, realizar dos o tres paradas de unas pocas horas en distintas ciudades europeas tiene un gran atractivo. ¿A quién no le gusta pasear por París un sábado por la mañana? En cuanto al tiempo del trayecto, en mi caso se ha tratado de un periodo de introspección y trabajo, así como una sucesión de paisajes y arquitecturas variadas que añaden a un ambiente muy propicio para leer o escribir.

El trayecto de ida fue: Copenhague – Hamburgo, Hamburgo – Duisburgo, Duisburgo – París, París – Barcelona y de Barcelona a mi pueblo en BlaBlaCar. Todo ello en unas 36 horas de viernes por la mañana a sábado por la tarde, pasando la noche del viernes en París. En Hamburgo, tras 5 horas de tren, tuve un hora y media de espera al siguiente, lo suficiente para dar un paseo por los alrededores de la estación, entrar en un mercado navideño a beberme una taza de vino caliente y comerme un bocadillo, que me alegraron la marcha y calentaron el cuerpo. En Duisburgo apenas tuve 40 minutos entre trenes, y ya llegué a París sobre las 21:30 de la noche, que aproveché para pegarme una ducha caliente y dormir en un Hotel. La mañana siguiente, pude dar un paseo por orillas del Sena y contemplar la Catedral de Nôtre Dame, que sigue siendo una estructura impresionante pese a que ha lucido mejores épocas. Marché para Barcelona a las 10:14, llegando a la ciudad condal 6 horas y media más tarde, y desde allí hasta casa otras tres horas en coche.

18 días más tardé emprendí el viaje de vuelta, que a priori iba a ser más entretenido, ya que por primera vez en mi vida iba a tomar un tren nocturno. Este itinerario fue: Barcelona – París, París – Mannheim, Mannheim – Hamburgo (nocturno) y Hamburgo – Copenhague al día siguiente por la mañana, y este viaje incluye una noche de hotel en Barcelona, sumando un total de 45 horas aproximadamente. Ahora, durante este viaje tuve un car de contratiempos que casi me hacen perder más de un tren, y aquí entra uno de los grandes inconvenientes que tienen estos viajes: la independencia de cada billete e inseguridad total del trayecto completo, en caso de que uno de ellos sea retrasado o cancelado.

El primer contratiempo se dio nada más empezar, ya que en la línea que me llevaba a Barcelona una de las estaciones sufrió un robo e incendio, que retrasó todo el trayecto entre esa vía (y así será durante un par de meses, según uno de los trabajadores de renfe). Por suerte pude tomar un autobús de repuesto a Castellón, y de ahí a Barcelona. El trayecto Barcelona – París transcurrió con normalidad, y tras dar un paseo y tomarme un té por la Bastilla, embarqué en el París – Mannheim. De Mannheim iba a tomar un tren nocturno (Nightjet) donde llegaría la mañana siguiente a Hamburgo, pero media hora antes de llegar a esa parada recibí un correo electrónico con la notificación que ese tren había sido cancelado.

Eran las 21:40 de la noche y al día siguiente temprano tenía que tomar mi último tren (Hamburgo – Copenhague), así que os podéis imaginar la sensación de caos que me invadió. En cualquier caso, pronto me centré y reprogramé mi viaje con los trenes que había disponibles, prolongando mi trayecto hasta Frankfurt y tomando otro tren hacia Hamburgo. Pese a no tener billetes para esa conexión, lógicamente me admitieron en él, aunque perdí mi cabina con cama individual y tuve que dormir a ratos en el asiento de un Intercity convencional durante la noche (Orfidal, ¡gracias!). En cualquier caso, solventé la jugada y llegué a Copenhague en el momento planeado desde el principio.

Estos fueron mis dos trayectos, de Dinamarca a España y viceversa, en Diciembre de 2021. Descubrí una forma de viajar más pausada, pensativa, sostenible, y a la vez insegura por momentos y bastante más cara que otros medios de transporte como el avión. Si os ha gustado y deseáis saber más, dadle a suscribir para o estad atentos al blog ya que en el siguiente artículo compararé al detalle cada uno de los aspectos de este viaje, especialmente costes, tiempos y emisiones.

Referencias:

(1) European Environmental Agency, 2020. Train or Plane? Transport and Environment Report 2020. Disponible aquí: https://www.eea.europa.eu/publications/transport-and-environment-report-2020

(2) Department for Business, Energy & Industrial Strategy, 2020. Greenhouse gas reporting: conversion factors 2020. Disponible en: https://www.gov.uk/government/publications/greenhouse-gas-reporting-conversion-factors-2020

Primeros trámites al llegar a Dinamarca

En este artículo conoceréis las gestiones indispensables nada más llegar a Dinamarca (ciudadanos con pasaporte UE), para comenzar vuestra vida escandinava. Estas os servirán para estudiar o trabajar, ir al médico, cobrar, etcétera, en definitiva, para estableceros a nivel administrativos. Son las siguientes:

  1. Certificado de residencia UE;
  2. Tarjeta de registro/Seguridad Social (CPR);
  3. Certificado Personal (NemID);
  4. Cuenta bancaria, transporte y aplicaciones móviles;

A partir de aquí, detallo qué es cada una y que requiere para completarlas.

  1. Certificado de residencia UE

Este documento sirve para demostrarle al Estado que provienes de un país de la UE, del Espacio Económico Europeo o Suiza y por tanto tienes derecho a residir en Dinamarca. Sin él, se nos reducirá al mismo estado que alguien que viene por turismo, con un máximo de 3 meses de estancia. Es, así, lo primero que hemos de tramitar al llegar a Dinamarca y puede hacerse a través de las oficinas del Servicio Internacional de Integración (SIRI, por sus siglas en danés).

Para ello, se ha de pedir cita previa a través de este enlace en una de las oficinas que existen en Copenhague, Aarhus, Odense, Bornholm, Aalborg o Aabenraa. Recuerda, deberás llevar: fotografía tamaño carnet, pasaporte/DNI y un formulario rellenado dependiendo del origen de tu estancia (se rellena en la oficina, el día de tu cita). Una vez has cumplimentado estos pasos, en ese momento, te entregarán un sobre con este documento y ya podrás partir a realizar la siguiente gestión. Para más información sobre este trámite, pincha aquí.

2. CPR: Número de registro/Tarjeta de Seguridad Social

Este es el documento más importante que puedes tener en Dinamarca. Te servirá para quedar registrado/a en el país, tener acceso a los servicios médicos, abrir una cuenta bancaria, tener un contrato de trabajo, etcétera. El CPR es un código de 10 dígitos (los 6 primeros coinciden con tu fecha de nacimiento), que nos llegará a través de la tarjeta sanitaria.

Para ello, necesitamos en primer lugar el Certificado de residencia UE. A continuación, hemos de pedir cita en la Oficina para la ciudadanía internacional más cercana, y rellenar un formulario. Hemos de probar que no estamos en Dinamarca de paso (o sea, que vamos a residir aquí por más de tres meses), y para eso se nos requerirá uno o varios de los siguientes: contrato de trabajo, una carta de admisión de una Universidad si venimos a estudiar, un certificado matrimonial, o similares. Del lado del alquiler, tendremos que aportar también o un contrato de alquiler, o la reserva de un hotel, o un documento en caso de que nos estemos quedando unos días en casa de algún conocido (siempre que ya tenga CPR y esté viviendo de manera legal en una vivienda). Necesitaremos también llevar nuestro pasaporte y/o carnet de identidad.

Es el municipio donde deseamos residir el responsable de asignarnos un CPR. En Copenhague puede pedirse cita en la International House, en el servicio internacional de la ciudad de Aarhus, o en el de Odense, y se trata de un trámite presencial. Una vez lo hayamos registrado todo, la tarjeta sanitaria con nuestro CPR debe llegarnos por correo postal en unos 10-12 días, a la dirección que hayamos registrado.

3. NemID: certificado/firma digital.

El siguiente paso es obtener el NemID, al que podemos postular si tenemos más de 15 años, CPR y un carnet de identidad. Se trata de una especie de certificado/firma digital, que nos permitirá acceder a todos los servicios básicos a través de nuestra ordenador, móvil o Tablet. Con el NemID podremos consultar y operar en nuestra cuenta bancaria, acceder al servicio sanitario para pedir cita, crear una cuenta en la red de bibliotecas, hacer compras por internet, etcétera. Este vídeo lo explica de forma sencilla.

El NemID existe en dos formatos. El primero, una tarjeta física desplegable con códigos de un uso (que nos enviarán por correo, el envío de una nueva tarjeta se renueva automáticamente cuando nos quedan 20 códigos) y tiene el tamaño de una tarjeta de crédito. El segundo método, en mi opinión más cómodo, a través de la aplicación para móviles NemID nøgleapp, que nos pedirá autenticación cada vez que realicemos el trámite. Podemos activarlo en nuestro teléfono móvil una vez hayamos recibido la tarjeta física.

Existe también la posibilidad de pedir nuestro NemID al mismo tiempo que tramitamos el CPR. Mi recomendación es que hagáis lo primero, simplemente rellenando una casilla al tramitar el CPR para que nos lleguen ambos a la vez. En caso de que se nos haya pasado pedirlo con el CPR, podemos hacerlo a través de uno de los centros para la Ciudadanía Internacional que podemos encontrar en toda Dinamarca. Aquí tenéis el listado completo.

4. Cuenta bancaria, transporte y aplicaciones móviles

Necesitas una cuenta bancaria si tu idea es quedarte más que unos pocos meses y vas a tener algún tipo de ingresos. Si tu estancia es corta y no prevés tener demasiados ingresos, hay plataformas de banca digital como revolut que te pueden servir para salir del paso.

En cuanto a bancos con nombre y apellidos, existen multitud que nos pueden poner más o menos trabas para abrir una cuenta. En mi caso, el primer banco que accedió a abrirme una cuenta con mi entonces estatus de estudiante fue Danske Bank, aunque el proceso se demoró más de un mes y dependiendo de la persona con la que trataba me pedían una u otra documentación (certificado de titularidad de una cuenta en España, los fondos que tenía en la misma, si iba a transferir dinero entre cuentas, entre otras).

En cualquier caso, una vez hayamos completado los requerimientos anteriores no debería suponernos mucho esfuerzo abrir una cuenta ya sea en Nordea, Jyske Bank, Arbejdernes Landsbank, etc.

A partir de aquí podremos decir que ya estamos instalados, al menos a nivel oficial, en la sociedad danesa. Luego, será cuestión de si preferimos desplazarnos en bici o con transporte público, para lo que tendremos que hacernos con una tarjeta de transporte (rejsekort, que sirve para tren, metro, tranvía, autobús y algunos ferris), en la estación de tren principal de vuestra ciudad u online, o también mediante la aplicación para trenes (DSB app), dependiendo de la frecuencia y longitud de nuestros trayectos.

Una aplicación que nos facilitará muchísimo la vida es MobilePay, para la que necesitaremos tener una cuenta bancaria y un número de teléfono daneses. Esta aplicación es un bizum a la danesa, pero con mayores prestaciones (por ejemplo, podemos pagar en la mayoría de los establecimientos con ella).

Existen también otras aplicaciones como MinSunhed (que se traduce a “Mi Salud”), donde además del pasaporte COVID, podemos revisar nuestro historial médico y realizar consultas.

Y hasta aquí, espero que te haya servido el artículo, y no dudes en reenviarlo a cualquier persona a quien le pueda ayudar.

¿Cuál es el secreto de una buena Paella?

Como valenciano por el mundo, me cuesta recordar cuantas veces alguna persona internacional me ha preguntado cuál es el secreto de una buena Paella. Así que, este artículo, abordará a grandes pinceladas este asunto culinario, en ocasiones controvertido.

En este vídeo explicativo de unos 10 minutos, se muestra la filosofía y preparación de unos de los platos más representativos de la gastronomía española. Como podréis ver, se trata de algo casi místico, religioso, para algunas personas de la región. Quizás este énfasis sea demasiado, aunque algunas de las características que tenemos los españoles es el hecho que somos personas más pasionales que racionales en muchos asuntos, razón que explica este sentir, al menos parcialmente.

Esta pasión por la Paella es tal, que Jamie Oliver fue linchado en las redes haces unos años en respuesta a su versión del plato. Pese a que increpar a alguien en redes sea una cobarde tontería, admito que su versión de la Paella está tan lejos de la original como la Nocilla lo está de los granos de cacao.

Dicho esto, para empezar a cocinar una Paella “accesible en cualquier lugar del mundo” – ya que todos los instrumentos e ingredientes serán difíciles de encontrar fuera de España – debéis emplear una sartén lo más amplia y plana posible (evitar cazos, máquinas de hervir arroz, cazuelas o wok), si no disponéis de una auténtica Paella (sí, el tipo de sartén comparte el mismo nombre que este plato).

Se empieza friendo en aceite las verduras: judías verdes, judías blancas, garrofones, pimiento verde, alcachofas o incluso un par de dientes de ajo (los últimos tres ingredientes son modernas innovaciones), con tomate fresco rallado; puede ser troceado, especialmente si es de los viene en conserva. Por favor, evitemos emplear tomates secos, pasta de tomate, boloñesa o similares. Si usamos tomate en trozos, podemos machacarlos simplemente apretando con la cuchara o pala una vez los hayamos colocado en la Paella.

Siguiendo la receta original, deberíamos añadir pollo y conejos troceados (pedacitos de pato o costillas de cerdo troceadas, sin especiar o marinar, también nos pueden servir) y freírlos junto con las verduras hasta que queden crujientes por fuera. La idea sería añadir 3 veces la cantidad de agua que vamos a añadir de arroz, y dejarlo hervir, 5 minutos a fuego fuerte y posteriormente a fuego lento durante unos 25 minutos. Esto terminará de cocinar las verduras y la carne, mezclando los sabores, pudiendo añadirle sal o potenciador al gusto (aviso a haters: a veces incluso le echo un chorro de vino blanco). Esta cocción es un proceso importantísimo: uno de los secretos de una buena Paella, es un buen caldo. Al final de esta ebullición, le agregamos colorante naranja/amarillo (azafrán si lo encontráis, a veces cuando estoy lejos de casa, la cúrcuma en polvo me ha servido).

La Paella puede hacerse de marisco, intercambiando la carne por trozos de bacalao, aros de sepia o calamar, mejillones, tellinas, gambas o gambones (estos últimos, se fríen primero, retiran de la Paella y vuelven a añadirse al final de la cocción), etcétera. Esta versión lleva el tomate y le podemos agregar ajo, pero muy poca verdura, y puede combinarse con alioli ya en el plato. Otra Paella que ha ganado popularidad en los últimos años es la de verduras, que admite prácticamente todo tipo de verduras troceadas y sofritas en aceite: tomate, judías, alcachofa, pimiento verde y rojo, zanahoria, calabacín, brócoli, etcétera; es la última que hice y como veis ilustra este artículo.

Tras esa media hora, o cuando un tercio del agua se haya evaporado y el agua quede por debajo de los remaches que marcan las arandelas en la Paella, se añade el arroz, que se debe distribuir, en forma de cruz de manera que el montón quede 1 centímetro por encima del agua (método conocido como caballó o caballón), y un par de minutos después lo esparcimos, contando unos 100 gramos de arroz por comensal. Esa es, para mí, la distribución de arroz perfecta aprendida de mi abuela, que habiendo hecho Paellas durante 60 años algo de idea debe tener.

El arroz debe hervir entonces durante 13 ó 14 minutos, a fuego medio. En este punto, la mayoría del agua se habrá evaporado. Si todavía queda algo de agua y el grano no se ha abierto por completo, podemos darle un fuego fuerte por 2. Entonces, apagamos el fuego, y dejamos reposar durante 5 minutos antes de emplatar, con un papel de periódico o cartón blando (por ejemplo, de cajas de pizza o cereales). Este toque crea un microclima donde el cartón absorberá la humedad restante, y los granos se terminarán de abrir.

Consejo: Durante los últimos momentos de la ebullición, podemos ‘jugar’ con la intensidad del fuego, subiéndola. Ese calor añadido empezará a tostar la capa de arroz en contacto directo con la sartén, creando el sabrosísimo “socarrat”, que traduce a socarrado en castellano. Está delicioso, pero ojo, esta técnica puede tardar años en dominarse, así que id con precaución.

La Paella es el plato por antonomasia en la Comunidad Valenciana, donde es habitual quedar algunos domingos en el campo o entorno rural, en la caseta de algún amigo o familiar (o algún merendero, en su defecto) cerca de la naturaleza. A esto le llamamos “anarsen de Paella” o simplemente irse de Paella, y el día entero se convierte en una celebración alrededor de este plato, junto con cerveza, vino y otros entrantes. ¡Ah, y por supuesto, con una copa de Mistela tras la comida! La experiencia encajaría perfectamente en el concepto danés del hygge, ya que se trata de mucho más que de juntarse a comer, sino de disfrutar de la vida en compañía de nuestros seres queridos.

Y ojito con lo de presumir volteando la Paella… Que luego pasa lo que pasa:

Viviendo en Bornholm (II): la rutina isleña

Svaneke esconde rincones preciosos como este.

Dice un proverbio popular que hay lugares en los que se llora dos veces: el día que llegas, y el día que te marchas.  Pues bien, así me sentí al marcharme tras una estancia de casi un año en Bornholm, la isla danesa que introduje en el anterior artículo.

Llegué en ferry desde Suecia, el 30 de agosto de 2020, en los últimos suspiros del primer verano COVID. Tras un año viviendo en Copenhague, la única empresa que había decidido contratarme de manera temporal bajo un convenio con mi programa de estudios se ubicaba a las afueras de Rønne, la principal ciudad de la isla. Pese a que inicialmente me sentí frustrado por no haber encontrado otra oferta de trabajo en la Dinamarca continental, ese sentir pronto se transformó en uno de apreciación y satisfacción al poder vivir una temporada en un lugar tan bello y único.

A partir de aquí, y esperando que hayas leído el artículo previo, os cuento como es la vida diaria de esta isla y que cosas se pueden hacer, así como algunas de mis experiencias personales. Mi primera recomendación es, si ya conoces gente danesa, es preguntar si conocen a alguien de Bornholm. Si es así y os pueden poner en contacto, tener a alguien que conozca la isla de primera mano facilitará mucho las cosas.

Como he mencionado, vine a esta isla para trabajar, contratado por BOFA, la entidad pública de gestión de residuos. Inicialmente fue un contrato de 4 meses que se amplió a un total de 12. Trabajé en un proyecto europeo de gestión de residuos, WASTEMAN, y otras tareas relacionadas con la visión cero residuos aprobada para el año 2032. Gracias a ello, no solo trabajé desde el ordenador, sino que pude visitar distintos pueblos de la isla donde realizamos pruebas de recogida selectiva y estudiar sus hábitos de reciclaje, algo que desde lo profesional, me estimula mucho.

En general, la experiencia laboral fue positiva: he tenido la oportunidad de trabajar durante un año para una entidad pública danesa, en los campos de la sostenibilidad y la economía circular. Además, desde un punto de vista del idioma, me ha servido muchísimo, pese a que mi trabajo era en inglés, el resto del tiempo los colegas hablaban en danés, lo que me hizo mejorar bastante en este aspecto. En general, el ambiente en esta empresa ha sido cordial pero profesional al mismo tiempo, en las pausas de café y comida se hacían bromas de todo tipo, y cuando había que trabajar duro, se trabajaba. Algo que me ha sorprendido han sido la cantidad de reuniones, en Dinamarca gustan mucho.

Sin embargo, también tuve una experiencia desagradable en la entidad, con las acciones de un colega con poca experiencia laboral pero mayor autoridad que, de forma manifiesta, me devaluaba, en ocasiones tomaba crédito por mi trabajo y además prometía unas cosas que luego no cumplía. Creo, sin embargo, que se trata de un comportamiento muy poco danés, pero me convenía ponerlo por escrito para dejar constancia que en todos sitios cuecen habas, y esta sociedad no es una excepción. De todas maneras, las malas experiencias también sirven para aprender y crecer como profesional.

Ahora, ¿y el tiempo libre? ¿Qué cosas pueden hacerse en Bornholm? Bueno, esta isla es, fuera de la temporada de verano, un lugar tranquilo. Así que no existe una comunidad internacional como tal, o grandes eventos. Es más bien un entorno familiar, y raro es pasear por el centro de Rønne un domingo por la tarde en invierno y cruzarte con más de 5 personas. Ojo, esto no implica que no haya cosas para hacer, sino que hay que buscarlas, y obviamente todas van a celebrarse en danés y tener un contexto local.

Instalaciones del Rønne Idrætsklub – RIK.

En primer lugar, me ayudó mucho a la hora de integrarme, jugar a fútbol. Nada más llegar me apunté a uno de los equipos locales, RIK, donde entrenaba una vez por semana y otro día jugábamos partido. Recomiendo a cualquiera que se mude a un nuevo lugar, buscar este tipo de actividades, ya sean deportes de equipo, actividades en grupo como yoga o pilates, entidades de voluntariado, etcétera. Encontrarás gente local con intereses comunes, lo que sirve para abrirse paso en una sociedad nueva.

Seguidamente, y esto depende claro, de lo mucho o poco que te apetezca sociabilizar, está la vida en los bares. Mi caso es sencillo: por norma general, me encanta ese ambiente. Siempre que la situación lo permitía, acudía semanalmente a uno o dos de los bares locales, a tomarme una cerveza y escribir o conversar con otras personas. Ya con la suspensión gradual de algunas restricciones, la llegada del verano y la celebración de la Eurocopa, fui testigo de cómo se viven estos grandes eventos este país. Ya que hacía 29 años que Dinamarca no llegaba tan lejos en un gran torneo de fútbol, cada partido fue una verdadera fiesta.

Otro de los elementos que hace especial a esta isla es su naturaleza, única en toda Dinamarca. Especialmente durante el primer invierno de pandemia, vivir en Bornholm me dio la oportunidad de salir cada fin de semana a explorar distintas rutas naturales de la isla, como detallo en este artículo, o iniciarme en la tradición escandinava del baño de invierno en agua fría. Conforme el tiempo fue mejorando, fui saliendo a descubrir otros caminos, pueblos o restaurantes locales, como las fabulosas casas de ahumados. También visité desde Gudhjem, otra cercana isla, Christiansø, un diminuto lugar administrado por el Ministerio de Defensa donde viven no más de 90 personas.

Instalaciones para tomar el baño en invierno, puerto de Hasle.

Además, gracias a un compañero de trabajo, descubrí el mundo de la pesca, un tema que desconocía totalmente hasta ese momento. En varias ocasiones, a distintas horas del día dependiendo de lo que pretendíamos encontrar, salíamos a pescar. Pasamos buenos ratos de conversación y tuvimos más o menos éxito.

Así, pasar este tiempo en Bornholm me ha acercado a una peculiar parte de Dinamarca que algunas personas desconocen. He salido, visitado y explorado distintas áreas que hacen este lugar muy especial. Me he sumergido en las costumbres locales, mejorado con el danés y añadido una experiencia laboral internacional a mi Currículum, lo que siempre da valor.

Si ahora tenéis ganas de ver en mayor detalle esta isla, podéis hacerlo a partir del minuto 14 en este episodio de “Valencians al món” de À Punt, la televisión valenciana, a la que recibí en la isla el pasado mes de abril.

El día de mayor éxito en pesca: unos 20 arenques.

Viviendo en Bornholm (I): ¿Cómo es esta isla?

Bornholm es una isla danesa en el báltico sur que forma parte de la región capital, aunque geográficamente esté más cerca de Suecia y de Polonia que de Dinamarca. Desconocida para muchos, es el principal destino turístico dentro del país, también popular entra suecos y alemanes.

En el resto de Dinamarca se la conoce como solskinsøen, que se traduce a “isla soleada” (como mediterráneo, sonreí para mis adentros la primera vez que escuché la expresión) y no es extraño encontrar gente que vive durante todo el año en Copenhague y posee una casa de verano aquí. Ahora bien, ¿qué tiene de especial esta isla? Si sigues leyendo, te lo cuento.

En primer lugar, ojo, pese a depender administrativamente, de la región capital, Bornholm pertenece, en lo sociocultural, a la Dinamarca rural. En este sentido, el día a día es más representativa de la auténtica Dinamarca que lo que ocurre en la cosmopolita Copenhague. Aquí, la gente local, no solo no te hablará en inglés (fuera del ámbito turístico), sino que escucharás que se habla un dialecto del danés, el bornholmés. Esta lengua comparte más del 90% con el danés corriente, pero suena más melódico (quizás, por cercanía, similar al sonido de la lengua sueca) y tiene palabras propias. Lo que significa que, si te trasladas a vivir aquí una temporada, por fuerza aprenderás a hablar danés, al menos el de supervivencia.

A nivel de naturaleza, la de Bornholm es única, cuenta con paisajes que no se pueden ver en cualquier otra parte de Dinamarca. Esto incluye montañas (montañitas, o, mejor dicho, cerros) valles y playas bastante soleadas en verano, que ofrecen actividades, como la escalada en roca o tirolina sobre lago en Opalsøen, difíciles de realizar en otras partes del país. La isla cuenta, además, con récords naturales específicos, como tener la cascada más grande de Dinamarca, Døndalen, o la grieta tectónica más larga (de unos 12 km), que se puede ver con claridad en Ekkodalen. En este artículo se comentan varias de las rutas naturales de Bornholm.

La capital, Rønne, es el primer puerto de entrada a esta isla de 40.000 habitantes que hasta principios de siglo tenía a la pesca como principal actividad económica. Desde entonces, su condición de isla y en cierto modo, ojito derecho de la administración en Copenhague, la ha convertido en banco de pruebas para ciertas políticas estatales en el campo de las energías renovables, sostenibilidad y transición a una sociedad libre de emisiones.

Muchos años atrás, y debido en parte a su ubicación estratégica, Bornholm fue escenario de sucesivas batallas y cambios de poder entre Dinamarca y Suecia, que a través de Arzobispado de Lund gobernó gran parte de la isla. De hecho, Hammershus, el imponente castillo en ruinas que domina la costa noroeste de la isla fue construido por el Arzobispado de Lund, mientras Gamleborg fue construido por los locales en la era vikinga y posteriormente Lilleborg, ya bajo dominio de la corona danesa. Todavía quedan ruinas de todas estas fortalezas, que sin duda merecen la pena visitar si tenéis la ocasión.

Además de estas construcciones, también fueron testigo de estas eras las iglesias redondas, construidas entre los Siglos XII y XIII.  Con una arquitectura característica, fueron empleadas también como refugio, y Bornholm cuenta con 4 de las 7 iglesias redondas que todavía quedan en Dinamarca.

La isla dejó de ser parte de Suecia, tras unos 500 años de toma y daca entre ambos países, en 1658. Dinamarca había cedido la isla al país vecino tras una guerra, pero la población local se rebeló contra las fuerzas suecas que la ocuparon, ejecutando de un disparo al comandante sueco, Johan Printzensköld, en Rønne. Me entretiene imaginarme este momento, como un “¡Esto es Esparta!” a la danesa: Dette er Bornholm!

Tras este hecho, los isleños presentaron la isla como regalo al Rey Federico III, bajo la condición de que nunca más se volviera a ceder. Desde entonces, la población isleña gozó de un periodo de desarrollo económico gracias a la pesca y la minería, y se ha mantenido libre de invasiones extranjeras hasta hoy en día, con la única excepción de las ocupaciones alemana (1940-1945) y soviética (1945-1946) durante la Segunda Guerra Mundial. Con este panorama, en 1945 las fuerzas soviéticas bombardearon Rønne y Nexø, acabando con la vida de 10 civiles y posteriormente tomando la isla hasta un año después de finalizar la guerra.

Más allá de todo esto, Bornholm es hoy en día un popular destino gracias a su historia y naturaleza, así como su especializada oferta gastronómica y sus talleres de vidrio y cerámica artesanos. Son típicas las casas de ahumados (røgerier), que abundan en toda la isla, y raro es en temporada alta tener una mesa disponible sin reservar con antelación.

De manera singular, todos los años (a excepción de 2020), se celebra el Folkemødet, lo que traduce a “El encuentro de la gente”, un festival de la democracia donde se encuentran los principales partidos políticos junto con distintas asociaciones y entidades, así como prácticamente cualquiera que se proponga asistir. El fin de este evento, que transcurre a lo largo de unos días en junio, es acercar la política a la ciudadanía y ofrecer un lugar donde se puedan generar debates sanos en un ambiente informal.

Bornholm es desconexión de la vida urbana, es pasear por la naturaleza, es bañarse en las playas de Dueodde, callejear por Svaneke y visitar la cervecería local, o tomarse un helado en el pintoresco puertecito de Gudhjem intentando divisar la diminuta Christiansø al este. Y si os queda energía, probad a dar la vuelta en bici a la isla recorriendo los 105 kilómetros de su circunferencia.

En el próximo artículo, os detallaré como es el día a día en esta isla, visto desde los ojos de un extranjero que lleva 9 meses viviendo en ella.

Podéis leer más acerca de esta isla en los siguientes enlaces.

Información general sobre las atracciones y accesos a Bornholm:

https://bornholm.info/en/

Artículo en la revista National Geographic, del año 2018, sobre el plan cero residuos de Bornholm para el año 2032:

https://www.nationalgeographic.com/environment/article/bornholm-island-denmark-goes-trash-free-by-recycling

Artículo en el diario el país, del año 2020, sobre la estrategia y plan de sostenibilidad de Bornholm:

https://elpais.com/ciencia/2020-07-06/como-ser-neutros-en-emisiones-lecciones-de-una-isla-danesa.html

¿Cuánta energía consumimos?

¿Conoces cuánta energía se consume en el mundo? ¿Y tu dependencia energética a nivel individual? Si la respuesta es no, y quieres saber más, sigue leyendo. En este artículo vamos a cuantificarla.

En 2018 (último año del que he podido encontrar datos) se consumieron 576 Exajulios de energía primaria en todo el mundo. Más allá del número, y para que lo veamos de manera más clara, podemos argumentar que esta energía equivale a 17,9 Teravatios (TW) de potencia constante, 24 horas al día durante los 365 días de 2018 (al final del artículo se explican las operaciones matemáticas). Contando con que en 2018 el mundo tenía 7,63 mil millones de habitantes, la media mundial de potencia es de 2394 W constantes, por persona y día. Eso equivale, aproximadamente, a tener el horno enchufado a máxima temperatura de forma continua, todo el año. Imaginaos cuantas pizzas pueden salir de ahí.

Para facilitar las cosas, se sabe que una persona adulta que está en muy buena forma física, puede generar aproximadamente 100 W de potencia constante durante 6-8 horas al día, pedaleando en una bicicleta.

Visto así, podemos concluir que cada persona del mundo tenía a su favor 24 de estos ciclistas generando energía de forma continua, durante 24 horas al día y 365 días al año. Siendo más realista, se acercaría a tener 72 ciclistas, pedaleando en 3 turnos de 8 horas los 365 días del año.

Por supuesto, esta medida de consumo no es homogénea en todo el mundo, en un país como España nos acercamos a un consumo de 4200 W mientras que en países con un PIB mucho más bajo rondan los 500 W, y por ejemplo en los EEUU esta cifra sube a 12000 W por persona.

Y esto, ¿es mucho? Depende de con que se compare, claro, pero sí podemos concluir que estamos en el momento de la historia en el que más energía se consume en el mundo, y además en el que más personas lo habitamos.

Podemos tomar, por ejemplo, datos de 1990 para hacer una sencilla comparación. En 1990 consumimos 342 Exajulios de energía primaria. Extrapolando a la duración de un año, salen 10,84 TW de potencia media equivalente, y teniendo en cuenta la población de aquel año (5,33 mil millones de personas), esto nos da un valor de 2035 W por persona. O sea, un 15% menos que en 2018, por persona, lo que significa que cada año que pasa, nuestras actividades diarias requieren de más energía.

Por ejemplo, una televisión LCD como la que muestro consume 126 W de potencia en funcionamiento, o una tostadora, 700 W. Para terminar con la cuantificación, en este vídeo se puede ver lo que le cuesta a un ciclista pedalear para hacerse una tostada. Hemos de tener en cuenta que nuestro consumo energético medio no solo depende de los electrodomésticos que empleamos, sino de nuestro estilo de vida, en general. Por ejemplo, de factores como cada cuanto viajamos, que tipo de transporte empleamos, como llenamos la cesta de la compra, etcétera.

Lo que resulta evidente, es que ante una época post pico del petróleo, seguir viviendo en un mundo de crecimiento de consumo energético continuo o business as usual puede desembocar en una situación de colapso. Obviamente, este consumo energético guarda una relación directa con las emisiones de CO2, aunque esa es otra parte de esta historia. Es en este momento en el que, más que nunca, deben despertarse las conciencias individuales y colectiva más allá del progreso tecnológico.

Y tú, ¿cuántos ciclistas necesitas?

Cálculos numéricos:

En primer lugar, Exa es un prefijo para unidades de medida que representa 1000000000000000000 ó 1018. Los julios (J) son la unidad de medida de la energía en el sistema internacional.

Los vatios ( W ) son las unidades de potencia en el sistema internacional de medida, y representan energía por unidad de tiempo, o sea, julios por segundo. Tera es un prefijo que representa 1000000000000 ó 1012.

Para pasar de energía (J) a potencia ( W ) durante un año, el cálculo requiere dividir la energía entre 31536000, que son los segundos que hay en un año. Una vez tenemos ese valor, para obtener la potencia media per cápita, dividimos simplemente entre el número de habitantes de ese año.

Fuentes:

BP, 2021. Energy Outlook 2020 Edition. [online] Disponible en: https://www.bp.com/content/dam/bp/business-sites/en/global/corporate/pdfs/energy-economics/energy-outlook/bp-energy-outlook-2020.pdf

Our World in Data. n.d. World Population over the last 12,000 years and UN projection until 2100. [online] Disponible en: https://ourworldindata.org/grapher/world-population-1750-2015-and-un-projection-until-2100