Cambio Climático (II): Evolución Histórica de los recursos y la energía

¿Desde cuándo explotamos las fuentes de energía modernas?

El Black Country, en Inglaterra. Fuente: Guide to the Iron Trade of Great Britain, Samuel Griffiths, 1873 pág. 58.

La humanidad lleva empleando la energía de los recursos naturales para su progreso desde el descubrimiento del fuego, hace unos 790.000 años. A partir de ahí, se empleó energía (a partir de biomasa: leña, paja y similares) liberada en procesos de combustión. Durante el neolítico, esta energía se empleó para el moldeo de cerámica, y en la Edad de Hierro, para la fabricación de armas y herramientas.

En cuanto a la energía del agua (cinética de las corrientes de agua, y potencial si se incluyen saltos de agua), entre los Siglos III y I a.C., cuando se emplearon las primeras ruedas de noria y molinos de agua para fines de agricultura como la molienda del grano. Gracias al movimiento del agua (energía cinética), gira la rueda, que a través de un sistema de transmisión hace girar una muela sobre otra, que se encuentra fija, moliendo el grano. Hoy en día, empleamos centrales hidroeléctricas y sistemas de presas para generar energía eléctrica a partir del agua, es un tipo de generación eléctrica relativamente corriente. En cuanto a la energía de los océanos (mareomotriz y undimotriz: de las olas), aún no se explota comercialmente.

Los primeros molinos de viento, que aprovechan la energía eólica, datan del Siglo VII d.C. en zonas del actual Oriente Medio. De nuevo, esta energía se utilizaba para fines de agricultura, destacando los procesos de molienda y riego. Actualmente es bastante común encontrarnos con zonas llenas de aerogeneradores, de los que obtenemos electricidad.

La explotación directa del sol para su uso (a través de transformaciones energéticas) de una forma similar a los anteriores comienza mucho más tarde, durante el S. XX. Sin embargo, esta energía se ha empleado durante siglos para fines de agricultura, como, por ejemplo, el secado de alimentos. La energía solar ha influido e influye, de manera importante en muchísimos procesos naturales que sustentan la vida, por lo que la utilizamos desde ‘siempre’ aunque sea, a nuestro parecer, de forma indirecta. En la actualidad, explotamos directamente la energía solar para la obtención de calor, que aprovecharemos, entre otros, en nuestros sistemas de calefacción (energía solar térmica), y para la obtención de electricidad: energía solar fotovoltaica.

Si hablamos de los combustibles fósiles, también se han ido explotando (de menor a mayor intensidad), desde su descubrimiento. Comenzando por el carbón, se empleó inicialmente en el Siglo I a.C. en la actual China, para la alimentación de hornos de fundición. Éste era carbón vegetal, es decir, el formado tras un tipo de combustión (en ausencia de oxígeno) de recursos vegetales, leña y brasas, y no el que se extrae de las minas. Este carbón se empleó con cierta popularidad, y aún hoy se emplea en distintos procesos, encontrándolo con facilidad en el supermercado si queremos hacer una barbacoa. Es a partir del S. XI cuando se empieza con la extracción del carbón mineral. Las centrales térmicas de carbón han funcionado durante muchos años, en ellas se quemaba el carbón para la obtención de calor y/o electricidad.

El petróleo y el gas natural se conocen desde los Siglos III y I a.C. respectivamente. Los usos iniciales del petróleo fueron para la alimentación de lámparas, sustituyendo al aceite. El gas natural se extraía, probablemente, a través de cañas vegetales. Tras la revolución industrial, ambos se han empleado tanto en centrales térmicas, y el petróleo como combustible directo para distintos sistemas de transporte, sector del que ha sido – y continúa siendo – la esencia.

La energía nuclear, no se explota hasta el Siglo XX, especialmente a partir de los años 40. La hay de dos tipos: de fisión (las centrales nucleares que existen actualmente) y de fusión, aún en fase de desarrollo. De las centrales nucleares, obtenemos electricidad como producto final. Ahora bien, los usos energéticos previos al Siglo XIX eran insignificantes en comparación con el uso intensivo de la energía que empleamos hoy en día. Este uso intensivo comenzó a finales del Siglo XVIII o principios del XIX. Estas fechas marcan el comienzo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña, que como su nombre indica, marcó un antes y un después en nuestra historia.

Evolución del consumo energético mundial, por tipo de fuente, medido en TWh. Fuente: Our World in Data.

A partir del S. XX, el consumo energético mundial se dispara, llegando a su máximo. El acceso a fuentes de energía baratas dispara la capacidad del ser humano para transformar su entorno. Es durante esta época cuando el ser humano vive unas comodidades imposibles hasta ese momento. Cosas que una gran parte de la sociedad occidental considera básicas como coger un avión e irse de fin de semana, tener un teléfono móvil, una televisión, ir al hospital y que nos hagan una resonancia o ir al supermercado en coche (y comprar kiwis) son posibles gracias al consumo intensivo de energía y el desarrollo tecnológico. Adicionalmente, ello coincide con otro fenómeno: el incremento de la población, que en 2011 sobrepasó los 7.000 millones de habitantes en todo el planeta (ahora vamos camino a los 8.000 millones). ¿Qué significan ambas cuestiones? Que cada vez gastamos más energía individualmente, y a la vez somos más, lo que arroja varias cuestiones sobre la sostenibilidad del sistema.

Curiosamente, ambas gráficas comparten una tendencia similar a la curva Keeling que se comentó en la primera entrada. Obviamente, no se trata de una coincidencia. El desarrollo tecnológico, sociológico y económico del S. XX se ha logrado a costa de emitir toneladas y toneladas de CO2 y otros gases de efecto invernadero, que están calentando el planeta, además de otras consecuencias en cuanto a consumo de recursos, contaminación y pérdida de biodiversidad.  Ahora, desde diversas instituciones y gobiernos, se está promoviendo la descarbonización de la economía, que no es otra cosa que desligar el desarrollo económico al consumo de combustibles fósiles.

Con respecto a ello, existen diversas teorías que analizaremos en otra entrega, sobre que nos va a deparar el futuro, lo que parece seguro es que mantener nuestras comodidades actuales (que no todos podemos disfrutar) de forma perpetua va a ser muy difícil, o cuanto menos un reto increíble. No olvidemos que, al mismo tiempo, hemos de combatir los efectos del cambio climático.

Para saber más:

Fresco Torralba, P. (2018). El futuro de la energía en 100 preguntas. Madrid: Ediciones Nowtilus. https://www.casadellibro.com/libro-el-futuro-de-la-energia-en-100-preguntas/9788499679709/7413170

Heinberg, R. (2006). Se acabó la fiesta. 1ª ed. Huesca: Editorial Barrabés. https://www.libreriadesnivel.com/libros/se-acabo-la-fiesta/9788495744807/

Ritchie, H. Roser, M.  (2020). Energy. [online] Our World in Data. Available at: https://ourworldindata.org/energy

Roser, M., Ritchie, H. and Ortiz-Ospina, E. (2020). World Population Growth. [online] Our World in Data. Available at: https://ourworldindata.org/world-population-growth

Publicado por bueborvi

Ingeniero Industrial especializado en Energías y Sostenibilidad vivendo en Dinamarca. Me interesan las diferencias culturales, las tradiciones escandinavas y los viajes, y me motiva como vamos a afrontar el cambio climático, el sobreconsumo de recursos y la pérdida de biodiversidad.

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