¿Amigo invisible? No gracias

Se acercan las Navidades, época de reuniones con amigos y familia, comidas copiosas, básicamente disfrute de la compañía y también, época de mayor gasto en comida y regalos.

Hace años que decidí no participar en la moda del amigo invisible. Considero la esencia de las Navidades es celebrar la reunión familiar (todo ello basado en el nacimiento de Jesús de Nazaret hace 2019 años, época en la que poco se sabía sobre el consumismo como lo conocemos hoy en día). Esta celebración toma mayor peso cuando uno o varios de los miembros familiares vive en el extranjero, pero, como el turrón, vuelve a casa por Navidad.

Tomé esta decisión (bajo la crítica de algunas amistades que me llegaron a tachar de rancio), al darme cuenta de que, viviendo en un país del llamado primer mundo, tenemos absolutamente de todo, mucho más de lo que necesitamos para vivir cómodamente, y lo único que hacemos, salvo con regalos consumibles como bebidas, comidas o experiencias, es ocupar espacio que no usamos. Muchos regalos acaban cogiendo polvo en estanterías unos años, luego los tiramos y sus residuos pueden acabar en una región de China, donde algunos lugareños los despedazarán para ganar algunos yuanes con ello. Por coherencia interna, sostenibilidad, la felicidad natural (con la que el dinero tiene poco o nada que ver), el equilibrio propio y con el entorno; deberíamos plantearnos qué nos aportar participar en estas iniciativas. A todos nos gustan los regalos, pero el amigo invisible la máxima exposición del consumismo inútil, el comprar por comprar.

Adicionalmente, en ocasiones nos puede traer situaciones de conflicto interno, lo que algunos llaman equilibrio interior.

¿Qué pasa cuando te toca alguien a quien apenas conoces, o con quien no te llevas bien? ¿O simplemente si no tienes tiempo para comprarle una chorrada? ¿Y si esa chorrada no le gusta? ¿Y si realmente, no necesitas nada, pero participas por presión social? La posibilidad de que un regalo del amigo invisible nos aporte algo bueno son ínfimas en una época en la que (los que vivimos en países con una economía desarrollada) podemos decidir como, que, cuanto y cuando podemos consumir, o negarnos rotundamente a ello, bajo completa libertad.

Hace años, viviendo fuera, participé en mi último amigo invisible. Nos juntamos un grupo de personas latinoamericanas (muchas de las cuales continúo alegremente en contacto) y un español, disfrutando de una temporada especial y única en Australia. Precisamente me tocó regalarle algo a una chica a la que no le caí bien por motivos que desconozco, pero bien me puso de manifiesto que no era de su agrado (bendito karma). Ojo, le regalé un libro estupendo, El Informe Pelícano, que había encontrado por la calle semanas atrás y devoré en varios días. Con ello, no encontraba sentido a molestarme lo más mínimo en buscar un regalo apropiado y gastarme dinero en alguien que únicamente me aportó malas vibraciones. El trámite, me incomodó bastante, y desconozco si a ella le entretuvo la novela. Fue un completo sinsentido.

Un año más tarde, celebré la fiesta de fin de año 2017/2018 en mi casa, y algunas de mis amistades presentaron sus regalos de amigo invisible y los intercambiaron. Tres regalos se quedaron en mi casa, una sudadera, un marco de fotos y un póster, y algo que parece cerámica dentro de una caja dura. Únicamente Sergio, a quien le corresponde la sudadera, me lo comentó, en verano de 2018, aunque no especificamos en quedar para entregársela. Estos regalos han pasado dos años sin abrir, en un armario de mi casa. De nuevo, otro sinsentido. Eso sí chicos, ¡estas navidades nos vemos y os los llevo!

Dicho esto, deberíamos reflexionar sobre cómo queremos celebrar las navidades, y que significado le damos a esa celebración. En mi caso, pretendo abrazar a mis familiares y amistades, recordar a los que ya no están y disfrutar de los recién llegados, además de comer donde mejor se puede comer: en casa. Estos son los auténticos regalos.

Publicado por bueborvi

Ingeniero Industrial especializado en Energías y Sostenibilidad vivendo en Dinamarca. Me interesan las diferencias culturales, las tradiciones escandinavas y los viajes, y me motiva como vamos a afrontar el cambio climático, el sobreconsumo de recursos y la pérdida de biodiversidad.

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